Camino

Como algunos sabréis, acabo de aprobar un examen de oposiciones para trabajar en bibliotecas en Soto del Real. Estoy feliz. Han sido casi dos años de subir la piedra, dos años de 4 horas de estudio al día, de lunes a viernes y al final he conseguido lo que pretendía. Hace tiempo que no me fijo en la línea. Esa línea en la sociedad que marca el camino del bien. Ya sabéis. La línea que te dice qué ver, qué escuchar, qué votar, qué pareja debes tener, qué ocio. Cuando yo era pequeño esta línea se veía muy claramente. De hecho, a veces asfixiaba. Y más en un pueblo. La monarquía, el dogma de la televisión, la religión católica, el matrimonio, los hijos. Todo esto, que ahora parece que pertenece más a un capítulo de Cuéntame que a nuestro presente, fue mi horizonte y mi presente. Y no había opción. Era esto o el caos. Esto o la herejía. Yo siempre quise estar fuera de esa línea, de esa carretera asfaltada. No sé aún si es por curiosidad o por necesidad. O quizá, porque mi curiosidad la siento necesaria. De ese lugar estático y aburrido que veía como algo decente y normal que, si eras tío, te gustara el fútbol y que la poesía te resultara ajena o cosas de tías. Reproducir el modelo, no cuestionar, seguir lo marcado, no destacar. Lo mío, lo conocido, es lo mejor, lo diferente es extraño. No salgas, hace frío, estarás solo ¿por qué eres así, tan diferente ?Conozco a muchos compañeros y amigos que no aguantaron esa presión por ser diferentes y salieron. Y no volvieron. Hicieron su camino, su propio modelo y se quedaron allí o siguieron caminando, quién sabe. Hoy veo que esa línea, la mía, está ahí abajo y ya no me obliga ni me presiona. El modelo quedó atrás y soy libre, seguiré caminando, aunque no haya camino.

(La foto es de aquel camino de Santiago que hice con mi colega homónimo- Santi)

que lo sepas

Por muy rodeados que estemos, algunos siempre estamos solos. Los raros, los diferentes, los que no encajamos. Y no es por vanidad sino por búsqueda, por necesidad. Porque la vida es muy corta para no decirlo, no hacerlo, no escribirlo. Y, pese a todo, compensa, alivia.

Y tú, que también escribes, que también te sientes diferente, que también sientes que aburres cuando hablas de tus poemas, que nadie entiende hasta dónde llegan tus metáforas y lo feliz que eres al escribirlas. A ti te digo que no estás solo, que tienes cerca a otros solos, como yo, y que si todos tienen bandera nosotros tenemos una hoja en blanco. Y si ellos hablan de fútbol y coches nosotros hablaremos de cómo acecha la muerte a Pizarnik o cómo es la telaraña de Juarroz. No dejes la poesía por ser normal, por encajar en los diálogos repetidos, por ser una pieza más de relaciones de mierda que nunca buscan escucharte, tan solo que les hagas sentir menos solos. Sigue jugando, leyendo, llegando más allá, por un camino que solo tú conoces porque está hecho de tus lecturas, de la unión de esos mundos.

Por si te sirve, a mí me interesa tu viaje, tu camino, las letras que has vivido y cómo, después de todo eso, has conseguido sacar esa flora y esa fauna que tenías dentro para hacer una historia, un libro, un poema que cambie tu vida y la de los lectores. Ya me dirás dónde te pillo el libro. 

9/11/2021

Antes de que llegara la lluvia de incertidumbre de la #pandemia, antes de que todo perdiera sentido y fuerza, yo vivía en Marqués de Vadillo – Madrid, en una tardoadolescencia, compartiendo piso con tardoadolescentes como yo. Estudiaba oposiciones a tiempo completo y racionaba ahorros como quien se permite comer chocolates tras las comidas. Poco a poco pero saboreando el esfuerzo, la constancia.

Hoy he vuelto a pasar por aquí, a subir en metro, a sentirme urbanita y moderno, a vivir el caos de Madrid. Y más allá de lo que esperaba sentir, una de miedo y expectación por la ciudad-civilización que se deshace, lo que he sentido ha sido tristeza. Enorme. Y no por mí, sino por todos. Por la incapacidad de generar alegría colectiva y pringarnos por ella justo ahora que estamos vivos. Hoy he sido consciente de que estamos unos cuantos meses más cerca de la muerte y que no hemos podido vivir como nos hubiese gustado. Y esto es grave. Y es grave que nos esté pasando a todos. Nadie levanta la vista por la calle, nadie sonríe, todo está vacío, escondido, esperando que vuelva la buena época. Y ojalá que sí, ojalá que disminuya la tristeza, el paro, la multitud de personas que se han quedado sin destino, sin esperanza, sin posibilidad de rellenar los días y las semanas con algo que brille.

Ojalá tú, que estás leyendo esto, encuentres aún motivos para celebrar estar vivo, rodeado de amigos, de familia, de alguien que te mire a los ojos y te diga «me haces feliz», «gracias por este fin de semana» o, simplemente, «buenos días».

Hogar, ese lugar

✍🏡

Decir hogar como quien dice amar y estar en el hogar, ser hogar, pertenecer.
Y
de
repente
no.

Por eso este libro, por el amparo y la poesía. Porque aún, pese al dolor, cosemos y hacemos trenza de lo posible y lo ideal. Aún tenemos el amor como antorcha al final del cuerpo.
Aún. Sobre los escombros. Redescubriendo el mundo, haciendo camino y hogar, de nuevo 🌎✍⛺🏡🧶

1 año de Hogar

Hoy, 22 de septiembre, dos días antes de mi cumpleaños, se cumple un año de último libro, Hogar 🏠, que encontrarlo aquí (https://jorgegarciatorrego.com/hogar/).

Es un libro transparente. Transparente como un cristal afilado. Transparente como el agua de la ducha compartida. Transparente como las palabras no dichas y clavadas en el pecho. Transparente como el dolor, transparente como el amor.
Hacía tiempo que no hablaba de amor. Quizá sí de un amor de paso, de un mar de llevar a rastras por la semana mientras subes a un bus o haces horas extra. Pero aquí, en este Hogar, he querido mirar de cerca el amor. Mi amor. Mi desamor, lo que yo sentí y lo que yo siento al intentar atrapar este misterio que nadie entiende y que solo podemos disfrutar cuando nos sacude. No cuando lo analizamos y equilibramos y medimos de arriba abajo. No, solamente cuando nos sacude. Y yo, como fui sacudido, os cuento cómo fue.
No os voy a mentir, hay dolor en este libro. Decepción, miedo y desasosiego. Pero también hay fe, hay músculo y hay pasión. Ojalá que os sintáis como en casa.

Amistad

Nos enfrentamos a algo que no conocemos y esa incertidumbre nos alumbra el pecho. Porque el sol nos calienta más ahora que no sabemos cuánto tendremos que estar en casa, sin salir, sin ver a los amigos ni a los amores. Hemos mascado la soledad y la certeza de la enfermedad y no queremos que la vida pase de largo. Me rodeo de gente vital y sana y todos están apurando energías y sonrisas para celebrar el hoy, algo que nunca hicimos tan sinceramente como ahora. No sabemos qué pasará, pero sí sabemos que estar con los amigos (siempre con mascarilla y/o distancia, obvio) nos sube la barra de vida, como en los videojuegos, y esa barra será nuestro refugio cuando lleguen los días malos. Y mejor si no llegan.

Cojan semillas, buenos libros (no mierdas de pensamiento barato de usar y tirar rollo Mr Wonderful, no me sean cafres), beban agua, beban lo que sea, celebren, arrímense a los amigos y a la gente querida y acumulen buenos recuerdos. Es tiempo de celebrar la barricada.

Cadena

En el silencio de la tierra,
en su abecedario húmedo,
la lombriz trabaja la esperanza y la luz,
sueña el canto, sueña el vuelo,
y por eso se regala al mirlo,
agradecida,
entregando el testigo de lo bello.

UN VERANO, UN AQUÍ 👇

El sol y la chicharra del ahora,
Imperios nómadas de quita y pon.
Territorio: mundo sin cartabón,
fértil esta paz de calma cantora.

Todo aquello,tiempo que no perdí
(refugios, kilómetros y canciones),/
de aquel disfrute de vacaciones,
de islotes, birra y playas junto a ti.

Restos de felicidad en un cuenco,
juntar salivas y caminos de sal,
ser presentes; huir de lo cruento.

Quedarán las fotos ciegas en el mar/
puñado de lo que vibró un tiempo,/
eco de dos que cosieron un cantar.

(Soneto inédito y a vuelapluma, como un armar la tienda en mitad de la hoja en blanco ⛺️📒)