Sobre las jam session y la poesía contemporánea

A colación de la polémica de Naza Díaz y Entropía ediciones y el haberle dado muuuchas vueltas al tema jamsession, os cuento que: Esto antes no era así. Ya sé, soy un viejo. Pero el mundo jam era un lugar donde unos cuantos frikis veníamos de los blogs y de nuestros pueblos de nuestras rarezas y nuestros anhelos, para juntarnos con otros raros que amaban la poesía. Y queríamos aprender, leer, ver cosas distintas. No tanto que se nos viera a nosotros, sino verles a ellos. A los que conseguían metáforas y poemas electrizantes.

Muchas veces lo recuerdo como un taller, otras como un juego, pero como nunca lo vi fue como un escaparate. Esta atmósfera, que viví y que ahora casi no veo, fue hace unos 10 años aproximadamente (yo tenía 10 años menos y seguro que lo veía todo con más benevolencia).

Sin embargo, lo que sí que creo que fue diferencial es que antes, cuando te gustaba la poesía, ibas a la biblioteca, te apasionabas, buscabas a tal o cual autor, te apasionabas más… y, después, con ese bagaje, te acercabas, con más miedo que otra cosa, a un lugar para compartir los versos que habías remendado. Y digo miedo pero no es miedo, es respeto. Porque has leído y sabes que lo que pone en ese papel aún no llega a lo que leíste en los libros. Y aún así necesitas compartirlo.

Hoy creo que sigue existiendo esa necesidad de compartir pero no tanto ese respeto. La distancia entre la pasión personal y el reconocimiento se ha acortado demasiado y se ha pervertido. Creo que el motivo pueden ser las redes sociales: la necesidad de presencia y reafirmación constante, el leer en casa (invisible) vs leer frente a un micro (delante de gente) empezó a ser una lucha desigual porque todos queremos ser aceptados y queridos (es así) y empezamos a ir a las jam, no tanto por la aventura y el conocimiento sino por el reconocimiento, la valía. En definitiva, los likes. Y nosotros, que éramos unos raros que, al juntarnos con otros raros (y geniales) nos sentíamos dichosos y felices, empezamos a ser raros también en las jam porque ya no solo valía que leyeras bien, sino que fueras joven, guapo y molón. Y eso es otra cosa. Y ya tiene que ver poco con la poesía. Y empezó a aparecer gente que la poesía meh, ni mucho ni poco, pero el molar sí, eso sí.

Y ahí aparecen los caraduras como el invitado a este hilo, que buscan subirse al carro, a la moda, y no importa que no tengan mucha idea, porque este carro está tirado con la ilusión de mucha gente que, al leer un poema que le ha emocionado, sueña con poder hacer lo mismo. Y, afortunadamente, serán minoría los caraduras, pero los hay. Porque a mí también me pasó y tuve que hacerlo público en redes y poner un burofax de final de contrato.

Y no, no puede ser que aquel lugar para algunos raros que buscamos aventura en las palabras, sea pervertido por sacar pasta de manera rápida y torticera. Por cierto, qué nadie le dé a esto mucha importancia. Está contado desde mi punto de vista y de manera subjetiva, pero también honesta. Yo soy un mindundi, nada más.

Ah, y por cierto más Neorrabioso y menos Marwan, más aventura y menos autopista, más metáfora y menos lugares comunes.

Publicado por jorgegtorrego

Poeta y corrector de textos.

3 comentarios sobre “Sobre las jam session y la poesía contemporánea

  1. Comparto bastante tu visión. Las jam de hace unos años tienen poco que ver con las que ahora existen. Antes se leía para compartir y ahora se lee para «ser reconocido». Para muchos era compartir un aprendizaje, descubrir, leer y si acaso, tejer una red donde uno podía enriquecerse… ese sentimiento se ha viciado y hay una proyección más viral, incluso «tuitera» en el sentido que se aceleran los procesos y son el caldo de cultivo de actividades «tóxicas».

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  2. Comparto solo una parte de tu visión: la del entusiasmo que teníamos. Bien es cierto que hace años que no piso una jam de las de ahora así que no puedo comparar pero, ya en los tiempos que mencionas, un alto porcentaje de gente iba a leer lo suyo y nada más, esperaban fuera hasta ser llamados soltar sus versos y chimpún. No recuerdo la cantidad de veces que el presentador me preguntó: «¿te apunto?» y yo contestaba «no, solo vengo a escuchar». Yo también recuerdo esos días con cierto cariño, pero mi experiencia o mis recuerdos no coinciden con los tuyos en cuanto al «respeto». Eso sí, aprendimos mucho, eso no te lo voy a negar. Un abrazo.

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  3. Quizá la única diferencia entre antes y ahora sea que ahora somos más viejos, menos alucinados y con menos ganas de aprender. La nostalgia es muy conservadora 😅. Eso sí, ese buen recuerdo, aunque puede que sobredimensionado, para mí es real 😊. Gracias por comentar.

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