Don Quijote de la Mancha. Cuidado, cuidadito

Llevaba ya bastante tiempo con ello en la cabeza, más o menos desde que entré en la educación primaria. Puedo decir que ese ello estaba en mi cabeza y fue creciendo con ella.

Ver por todos los lados a aquel señor alto y medio demacrado y a aquel señor regordete era ver un pasadizo hacia los libros, la cultura (la mayoría de las veces, un pasadizo por cruzar y nunca cruzado) cosas de mayores.

Por aquel entonces, cuando yo era niño, ponían una serie de dibujos (con una diabólica y pegadiza canción al inicio. Sé que te la sabes, no te hagas el loco) que veíamos en el cole y en casa. Don Quijote y Sancho estaban ahí, como unos parientes lejanos.

Según iba cumpliendo años y veía que mi gusto por la lectura aumentaba (luego, mucho después, vendría el de la escritura), en el horizonte aparecían aquellos clásicos y, sobre ellos, el Don Quijote de la Mancha como capitán general, paradójicamente ridículo y derrotado.

Ese horizonte quedo ahí, bello, inaccesible y aburrido porque aburrida fue para mí aquella lectura. No entendía nada, hablaban un español antiguo con palabras que yo no conocía y había referencias extrañas que me llevaban a sitios desconocidos. Vamos, un tostón.

Sin embargo, hace unos meses me animé a caminar hacia ese horizonte. Y lo hice sin prisas, sin urgencias y sin tener que dar explicaciones a nadie (ni siquiera a mí mismo, menos mal) sobre si había tardado mucho o poco en leer la mejor obra escrita en español, la primera novela moderna y otros adjetivos similares, para poder así intentar disfrutar de la lectura.

Reconozco que algunas partes me las salté. Otras las leí en diagonal, picoteando. Pero hubo otras con las que me reí, otras en las que se me saltaron las lágrimas y otras en las que aluciné porque algún recurso narrativo hubiera sido escrito ya hacía más de 400 años. Ahora que nos creemos tan ingeniosos y avanzados resulta que llegamos muchos años tarde.

Otro de los beneficios que tiene para mí el haber leído el Quijote es que hay muchísimas referencias a él en muchísimos ámbitos. Para empezar, España es el país del Quijote más allá de nuestras fronteras y que esto sea así nos ha identificado durante cuatro siglos. Como idealistas, locos, nobles, estrambóticos pero tiernos caballeros andantes. Además, durante estos cuatrocientos años, ha habido escritores como Borges y Nabokov, entre otros, que no solo es que hayan leído El Quijote y hayan cambiado su manera de ver el mundo y escribirlo, sino que han dedicado libros a él. Como si fueran unos continuadores de la obra del españolísimo morisco Cide Hamete Benengeli.

Esta es otra de las facetas que me ha sorprendido de El Quijote. Lo humanista que es con sus personajes y cómo están en el mundo quijotesco. Si bien este mundo es ruín, mezquino y cruel, también hay personajes íntegros, bondadosos y rebeldes que abren un pasillo a la fraternidad. Solo los mencionaré, pero aquí están:

La pastora Marcela, Crisóstomo, el morisco Ricote o los propios Don Quijote y Sancho Panza. Y, además, diré que me dio bastante placer enterarme de que el auténtico escritor de la obra española más importante de la historia era un morisco español y manchego. Esto se lo tiraré alguna vez a algún adalid de la pureza española, seguro.

Para terminar diré que no es una obra fácil ni tampoco perfecta, pero recomiendo que, si aún no la has leído, le eches un ojo. Sin presión y al ritmo que tú veas. Disfrutándola y sin tener que pensar en hacer un trabajo para la clase de lengua ni nada parecido.

Como introducción, aquí te dejo un par de charlas de los amigos argentinos de La última página que espero que te gusten y te animen a iniciar la lectura:

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s