Reseña de Aspiraciones de la clase media, de Brenda Ríos

Tenía que leer este libro. Estaba obligado a ello. Desde que me puse a leer cualquier cosa escrita sobre el trabajo y la explotación mientras preparaba mi El despertador de Sísifo (está muy feo que hable de un libro mío en la segunda línea de la reseña de otro libro ¿no? Pues me da igual), el explicar cómo actuamos frente al trabajo y cómo nos deja el ánimo en el cuerpo ha sido uno de mis temas preferidos, una obsesión. Supongo que cuando un tema se queda en tu cabeza durante tanto tiempo, cambiando de postura, con enfoques diversos y subtemas, es difícil eliminar esa memoria obsesiva definitivamente.

Por eso, este Aspiraciones de la clase media es un libro que encaja perfectamente en esa búsqueda de conseguir explicarnos qué hacemos esas 8 horas al día delante de un ordenador, una agenda, un horario, o unas órdenes. O, incluso, pensar, analizar y así crear una tabla que nos salve del naufragio que supone estar en paro.

Brenda Ríos, poeta mexicana, escribe un libro duro, poderoso, plomizo. Porque quizá ese decir no es solo una estética sino la única estética posible para hablar del curro. Como si para hablar del trabajo hubiera que entrar en la tormenta calma pero lacerante que supone tener una checklist siempre en la cabeza, un dominio de los tiempos, un nudo en el estómago que nos ubique en el lugar adecuado.

El libro está dividido en dos grandes secciones: la primera, homónima, y la segunda, Casa.

Esta división, muy básica y práctica, construye una dicotomía, un gozne, que, en teoría, evidencia el acantilado de la dureza del trabajo y endulza el territorio amigable de la casa. En teoría. Pero lo que yo puedo ver en este libro es que los poemas de Brenda no solo señalan la dureza del mundo y sus jornadas laborales, sino que es también en la intimidad donde se produce el desgarro y la desidia.

Sencillo y doloroso este inicio del poema Teoría de la evolución de la sección Aspiraciones de la clase media:

A mis 41 años siete meses de edad

busco empleo

nada del otro mundo

las cosas no salieron como esperaba

se empareja con la bella visión que Cortázar nos dio del Minotauro en Los Reyes y que Brenda Ríos desgrana en el poema Fiesta, de la sección Casa:

El minotauro no fue invitado a la fiesta

es más, tampoco es que lo odiaran, solo que a nadie

se le ocurrió que

seguía vivo.

Pero no solo, porque Casa no es un lugar idílico, un refugio para aguantar la lluvia de granizo del afuera que se supone que es el trabajo, sino que también en el hogar, en lo doméstico habita la necesidad y la angustia.

Creo que este libro, esta muestra de dolor y batalla, es un buen libro porque he sentido la soledad y la incertidumbre de alguien como yo que se pregunta por qué estamos así, porque estoy así, en una pregunta individualísima, y que muestra la distancia que sentimos algunos al ver que las personas a nuestro alrededor progresan, avanzan, crecen e incluso se reproducen mientras nosotros no, mientras nosotros seguimos peleando por mantenernos a flote.

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