Una pequeña reflexión sobre el libro Hermana muerte, de Thomas Wolfe (prereseña)

Estoy leyendo el libro Hermana muerte, de Thomas Wolfe, y publicado por Periférica (muy bien editado, por cierto, como siempre) y he caído en reflexionar sobre una visión que me ha llamado la atención. El libro –que aún no he terminado– muestra al individuo, frágil, mortal y momentáneo frente al monstruo de la ciudad, ese gigante ciego y poderoso que aplasta a las células sensibles que lo habitan sin piedad.
Hermana muerte está publicado originalmente en 1968, en su versión en inglés y en España en 2014 mucho más tarde. El caso es que hay una apreciación, una descripción, que me ha llamado la atención.
Yo nací en el año 1986 y llevo toda la vida leyendo novelas de ciencia ficción y/o políticas que buscan la redención del individuo frente al gigante sociedad, frente al gigante trabajo o al gigante Estado. esta dualidad que he podido ver en obras como Un mundo feliz, Momo, 1984 o V de Vendetta hablan de una persona, un individuo singularísimo y único, que consigue con su rebeldía emancipar al todos. La base de la distopía, su tensión argumental, afilada como un arco.

Y en el libro que me ha traído aquí, delante del ordenador en esta tarde de infierno de junio de 2022, cuando podría estar tomando un helado o bañándome en un río es expresar mi curiosidad, que llega a malestar, incluso, por saber qué opinaban aquellos que no se rebelaban, que seguían el camino marcado, que no destacaban. Porque ser héroe es muy cansado, hay cierto malditismo en aquel que no puede quedarse callado y no deja ninguna injusticia por denunciar. Porque los héroes son una centella, no tienen ni tendrán nunca rutina, pero, por eso, más allá de los héroes, ¿qué pensaban aquellos que no se rebelaban?, ¿Se pueden sus pensamientos, sus sensaciones, en las novelas o contenidos culturales de los años 50, paradigma del cartonpiedrismo social? Creo que no.

Creo que, al menos en mi caso, que ya tengo 35 años, que ya he probado a llevar la antorcha del heroísmo de la verdad, con su fatiga y su fuego, y que ahora ya no. Que ya no me movilizo, que hace meses que dejo de pagar la cuota del sindicato, que ya no. Que, como me dijo un amigo hace poco, «has pasado de pagar la cuota de la CNT a pagar la suscripción a Netflix». Por eso me gustaría saber qué pensaban aquellos que se acomodaban, que no querían líos, que miraban a otro lado. Cómo se justificaban sus vidas, cómo no temían la muerte y azar perverso. Cómo dejaron de querer ser héroes, en qué lugar, cómo y cuándo decidieron rendirse. Y por qué me parezco tanto a ellos.

–¿Y qué pasa, que no vas a contar nada más del libro?
–¿Te parece poco lo que acabo de contar? De todos modos, llevo 30 páginas… cuando lo acabe podré contaros…o no.

Publicado por jorgegtorrego

Poeta y corrector de textos.

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