Los baños de Plaza Castilla, el mito (parte 2)


Bueno, sí, ya sabemos que no era South Park, pero lo que voy a contar es algo gore también y no había otro GIF que me cuadrara más. Bueno, al lío.

Estaba yo contando que bajar a Madrid empezó a volverse costumbre gracias a, mi caso, el bus 725 (línea de Madrid a Miraflores, con demasiados pueblos entremedias) y el 197 (línea de Torrelaguna a Madrid, e igual, con demasiados pueblos entremedias, incluso más aún que en la 725). Estos buses, que cortaban la mañana, la niebla, la oscuridad, pero se quedaban atrapados en el tiempo y no terminaban nunca de concluir su viaje, eran vehículos llenos de azar. Siempre pasaban cosas.

A ver, como leísteis en el capítulo 1, hace poco se me jodió el coche y no hubo más narices que subirme al 725, y es que fue un viaje en el tiempo. Los asientos siguen siendo delictivos, menos amplitud que en Ryanair, la comodidad sigue siendo un lujo y los conductores de hoy en día siguen creyendo que llevan entre los dedos un cubilete y no a seres vivos. Eso sí, el caso es que aluciné cuando vi que habían PUERTOS USB. Flipé. Y es que los autobuses que yo conocí, que nosotros vivimos, eran una caja de sorpresas. La mayoría de ellas pochas. Carcasas sin atornillar y que caían de los techos porque sí, luces que funcionaban o no, cinturones de seguridad que estaban o no, incluso pulsar el botón rojo de PARADA SOLICITADA era un acto de fe, pues no siempre funcionaba.

A ver. Seremos justos y no echaremos toda la culpa a los señores del Consorcio de transporte, porque los gañanes que solían subirse a los buses eran seres con la testosterona, la idiotez y la inconsciencia en empate técnico. Y la zona cero del mal eran las últimas filas del bus, como habréis podido imaginar, un lugar sin ley en el que el de mechero podía servir de brocha, una colección de lardos, con colores, texturas y humedades era nuestra particular pinacoteca y todo lo rompible roto o a punto. Podemos decir que entrar en esos buses era un salto a otra dimensión. A una peor, eso sí. Esto que cuento de los buses, rollo casi épico, con cierto halo de nostalgia, no quiero que se lleve a confusión: ERAN Y SON UN ÑORDO COMO LAS TORRES KIO. Y ahora más, con el palitroque ese que ya me dirás tú.

(Seguiremos en próximos capítulos, gracias Guille por animarme a hacer este capítulo 2)

4 comentarios sobre “Los baños de Plaza Castilla, el mito (parte 2)

  1. Que la historia continue!!!
    Vaya remember me has hecho. Con la coincidencia de leerlo desde un bus. Aunque este va para Teruel y tiene hasta WiFi (que no va).

    Me gusta

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