Roberto Calasso, Cómo ordenar una biblioteca

Desde hace años tengo la costumbre de escuchar, mientras me afeito, lavo los platos o alguna que otra tarea mecánica que no necesita que preste mucha atención cerebral, programas sobre literatura. Hace ya unos meses que subí al pedestal de mis preferidos al programa de Sebastián Porrini y Diego Ortega, La última página. En este programa, junto a otros grandes de la literatura, descubrí a Roberto Calasso:

Todo está ardiendo, a punto de saltar por los aires y algunos nos refugiamos en la sombra a leer libros como este Cómo ordenar una biblioteca de Roberto Calasso y escuchar a otros apasionados por la cuestión humana traducida en papel que llamamos literatura. Y como objeto inventado y eterno por siempre, hay que rendirle pleitesía porque es humanísimo (¿me aceptas el término?), culturalmente único y necesario . Porque ambos objetos sirven para sobrevivir, cada uno en su ámbito pero muchas veces siendo polizones y ocupando lugares insospechados.

En este libro, o, más bien, conjunto de conferencias y textos unidos, Calasso nos muestra

1. Que tiene una cultura brutal y ágil que salta de aquí a allá, del escondrijo insospechado más curioso de la historia a la actualidad vibrante de la actualidad y sus consecuencias.
2. Que le encanta vivir. Porque los libros que aparecen nombrados no han llegado a conocimiento de Calasso de una manera fría o desprendida, sino que esos encuentros son una consecuencia de amar la cultura, la humanidad y, al final, los libros son, como dije antes, objetos humanísimos.
3. Frikadas de bibliotecas como las grigas, la London Library o la de Aby Warburg. Yo, lo siento, pero a mí estas peculiaridades sobre bibliotecas, acostumbrado a estudiar leyes y normativas para aprobar unas oposiciones, pues me dan la vida.

Con la siguiente estructura:

Cómo ordenar una biblioteca
Los años de las revistas
Nacimiento de la reseña
Cómo ordenar una librería

Roberto Calasso nos muestra, de manera cercana y amena, y con una prosa ágil y divertida, la naturaleza del libro y de los seres (bibliotecarios, lectores, escritores, libreros) que lo rodean y lo cuidan. Mención especial, una vez más, a Anagrama por hacer una colección tan bien cuidada, sobria, manejable y a buen precio. Además, en el caso concreto de este libro, y pese a que no leí «Los años de las revistas», me parece que el éxito del libro como conjunto le debe mucha culpa al editor, italiano, Adelphi Edizioni.

Una pequeña reflexión sobre el libro Hermana muerte, de Thomas Wolfe (prereseña)

Estoy leyendo el libro Hermana muerte, de Thomas Wolfe, y publicado por Periférica (muy bien editado, por cierto, como siempre) y he caído en reflexionar sobre una visión que me ha llamado la atención. El libro –que aún no he terminado– muestra al individuo, frágil, mortal y momentáneo frente al monstruo de la ciudad, ese gigante ciego y poderoso que aplasta a las células sensibles que lo habitan sin piedad.
Hermana muerte está publicado originalmente en 1968, en su versión en inglés y en España en 2014 mucho más tarde. El caso es que hay una apreciación, una descripción, que me ha llamado la atención.
Yo nací en el año 1986 y llevo toda la vida leyendo novelas de ciencia ficción y/o políticas que buscan la redención del individuo frente al gigante sociedad, frente al gigante trabajo o al gigante Estado. esta dualidad que he podido ver en obras como Un mundo feliz, Momo, 1984 o V de Vendetta hablan de una persona, un individuo singularísimo y único, que consigue con su rebeldía emancipar al todos. La base de la distopía, su tensión argumental, afilada como un arco.

Y en el libro que me ha traído aquí, delante del ordenador en esta tarde de infierno de junio de 2022, cuando podría estar tomando un helado o bañándome en un río es expresar mi curiosidad, que llega a malestar, incluso, por saber qué opinaban aquellos que no se rebelaban, que seguían el camino marcado, que no destacaban. Porque ser héroe es muy cansado, hay cierto malditismo en aquel que no puede quedarse callado y no deja ninguna injusticia por denunciar. Porque los héroes son una centella, no tienen ni tendrán nunca rutina, pero, por eso, más allá de los héroes, ¿qué pensaban aquellos que no se rebelaban?, ¿Se pueden sus pensamientos, sus sensaciones, en las novelas o contenidos culturales de los años 50, paradigma del cartonpiedrismo social? Creo que no.

Creo que, al menos en mi caso, que ya tengo 35 años, que ya he probado a llevar la antorcha del heroísmo de la verdad, con su fatiga y su fuego, y que ahora ya no. Que ya no me movilizo, que hace meses que dejo de pagar la cuota del sindicato, que ya no. Que, como me dijo un amigo hace poco, «has pasado de pagar la cuota de la CNT a pagar la suscripción a Netflix». Por eso me gustaría saber qué pensaban aquellos que se acomodaban, que no querían líos, que miraban a otro lado. Cómo se justificaban sus vidas, cómo no temían la muerte y azar perverso. Cómo dejaron de querer ser héroes, en qué lugar, cómo y cuándo decidieron rendirse. Y por qué me parezco tanto a ellos.

–¿Y qué pasa, que no vas a contar nada más del libro?
–¿Te parece poco lo que acabo de contar? De todos modos, llevo 30 páginas… cuando lo acabe podré contaros…o no.

Naturaleza poética, libro colectivo

Participar en esta Naturaleza poética, bosque de letras imaginando por Miguel Ángel Vázquez / La imprenta, me ha hecho mucha ilusión. No solo por todos los grandes poetas con los que comparto ramas y hojas, sino por la savia del libro: La naturaleza.

El concepto de esta antología pone el acento en un tema olvidado por la poesía. Porque el mundo natural no solo está «para ir de puente o de vacaciones» sino que es la base de todo tipo de vida, incluso, fíjate, la humana❗️.
Y reflexionar sobre ello nos alimenta a todos 🌱🌿🌳

Aquí tienes el enlace para comprar el libro: https://asociacion-la-imprenta-estrategias-y-artefactos-cultura.sumup.link/producto/naturaleza-poetica-5

Reseña de Aspiraciones de la clase media, de Brenda Ríos

Tenía que leer este libro. Estaba obligado a ello. Desde que me puse a leer cualquier cosa escrita sobre el trabajo y la explotación mientras preparaba mi El despertador de Sísifo (está muy feo que hable de un libro mío en la segunda línea de la reseña de otro libro ¿no? Pues me da igual), el explicar cómo actuamos frente al trabajo y cómo nos deja el ánimo en el cuerpo ha sido uno de mis temas preferidos, una obsesión. Supongo que cuando un tema se queda en tu cabeza durante tanto tiempo, cambiando de postura, con enfoques diversos y subtemas, es difícil eliminar esa memoria obsesiva definitivamente.

Por eso, este Aspiraciones de la clase media es un libro que encaja perfectamente en esa búsqueda de conseguir explicarnos qué hacemos esas 8 horas al día delante de un ordenador, una agenda, un horario, o unas órdenes. O, incluso, pensar, analizar y así crear una tabla que nos salve del naufragio que supone estar en paro.

Brenda Ríos, poeta mexicana, escribe un libro duro, poderoso, plomizo. Porque quizá ese decir no es solo una estética sino la única estética posible para hablar del curro. Como si para hablar del trabajo hubiera que entrar en la tormenta calma pero lacerante que supone tener una checklist siempre en la cabeza, un dominio de los tiempos, un nudo en el estómago que nos ubique en el lugar adecuado.

El libro está dividido en dos grandes secciones: la primera, homónima, y la segunda, Casa.

Esta división, muy básica y práctica, construye una dicotomía, un gozne, que, en teoría, evidencia el acantilado de la dureza del trabajo y endulza el territorio amigable de la casa. En teoría. Pero lo que yo puedo ver en este libro es que los poemas de Brenda no solo señalan la dureza del mundo y sus jornadas laborales, sino que es también en la intimidad donde se produce el desgarro y la desidia.

Sencillo y doloroso este inicio del poema Teoría de la evolución de la sección Aspiraciones de la clase media:

A mis 41 años siete meses de edad

busco empleo

nada del otro mundo

las cosas no salieron como esperaba

se empareja con la bella visión que Cortázar nos dio del Minotauro en Los Reyes y que Brenda Ríos desgrana en el poema Fiesta, de la sección Casa:

El minotauro no fue invitado a la fiesta

es más, tampoco es que lo odiaran, solo que a nadie

se le ocurrió que

seguía vivo.

Pero no solo, porque Casa no es un lugar idílico, un refugio para aguantar la lluvia de granizo del afuera que se supone que es el trabajo, sino que también en el hogar, en lo doméstico habita la necesidad y la angustia.

Creo que este libro, esta muestra de dolor y batalla, es un buen libro porque he sentido la soledad y la incertidumbre de alguien como yo que se pregunta por qué estamos así, porque estoy así, en una pregunta individualísima, y que muestra la distancia que sentimos algunos al ver que las personas a nuestro alrededor progresan, avanzan, crecen e incluso se reproducen mientras nosotros no, mientras nosotros seguimos peleando por mantenernos a flote.

Vidas a la intemperie, de Marc Badal

Vidas a la intemperie,

Marc Badal

Pepitas de Calabaza

Precio: 17 €

Enlace para más información:

https://www.pepitas.net/libro/vidas-a-la-intemperie

Una de las evidencias que resaltó la pandemia fue la necesidad que tenemos de lo cercano. Planeó la amenaza del desabastecimiento sobre nuestras cabezas mientras nos quedábamos pegados a una pantalla, a dos o a tres, y el mundo en pausa. Sin embargo, los productos necesarios, como un milagro, siguieron llegando a las tiendas. Porque vivimos en las ciudades y en los países del primer mundo, pero nos alimentamos y vivimos de lo que se produce en los terceros mundos, en un más allá, en las periferias, en lo que queda desenfocado, en la oscuridad.

Desde entonces, creo que somos muchos los que hemos reflexionado sobre la labor del alimentarse, que más que una labor debería ser un eje en cada gobierno del mundo y en cada persona. Sin embargo, cada vez está más deshabitada la idea del campesino, sus inquietudes, su hacer, los precios con los que nos alimenta y nos alimentamos.

Por eso, por ese creciente interés, el club de lectura Literatierra, de El Cuadrón, propuso en su última entrega que habláramos de este libro. Porque allí, en El Cuadrón, sí que viven y conocen de primera mano a qué velocidad crece la cebada, cuánto cuesta llenar el tractor o qué es un celemín.  

Pero mucho antes de que la pandemia saltara de los libros de ciencia ficción a nuestro día a día, en 2017 Pepitas de Calabaza y Cambalache publicaron este libro titulado Vidas a la Intemperie, Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino, de Marc Badal. En este libro, Badal pone el acento en la semilla, en el pan, en los planes económicos a gran escala y cómo han ido configurando (o no) a las clases campesinas.

En este libro Vidas a la Intemperie –que se lee casi sin darte cuenta, porque es ameno y no sigue una trocha clara, sino que va de aquí para allá, libremente, cogiendo y dejando temas– podemos ver la figura del campesino desde casi todas sus aristas: su perspectiva histórica, su lucha, silenciosa y silenciada, contra todo tipo de dominio e industrialización, desde sus maneras, sus habitares y su presencia en lo humano, en el paisaje y en sus utensilios. En definitiva, una panorámica sobre el campesino y su quehacer en este mundo tan digital y lejano que, sin embargo, aún sigue necesitando que se abone, se siembre, se riegue y se cultive la tierra. Y que se reconozca al campesino como se reconoce al profesor o al médico.

Paseo por los Jardines bárbaros de Alberto Rivas, publicado por Lastura

Aquellos jardines bárbaros

Alberto Rivas

Lastura

Precio: 12€

Enlace para más información:

https://lasturaediciones.com/product/aquellos-jardines-barbaros/

Vale, sí, ya no estamos tan mal, tan de interior. Ahora, aunque tengamos que llevar mascarilla, podemos salir a descubrir cómo de lejos quedan los horizontes, mancharnos las manos más allá de nuestro barrio o nuestro pueblo. Pero hubo un tiempo en el que los ojos se lanzaban hacia afuera pero no llegaban muy lejos. Lo llamamos confinamiento. Tuvimos pantallas, pantallas por todos los lados y algunos incluso visitamos libros para estirarnos.

Y también hubo un Alberto Rivas que, a diferencia de lo que hizo con sus libros anteriores El truco del arquitecto y Cartas a Gilgamesh, que fueron la construcción de un prisma del arte, la literatura y los mitos, un análisis de lo etéreo, en suma, en este Aquellos jardines bárbaros, el poeta acude a la frondosa compañía de las plantas para descubrir que, desde lo pequeño, se puede descubrir un mundo (o varios). Y nos invita. Y nos dice: «mira, mira, Jorge, mira cómo, mira qué, mira dónde». Y yo, y supongo que vosotros también, miro el cómo, miro el qué y miro el dónde que me indica Alberto. Y no solo. Luego me pierdo y entre nervios y enveses hago mi propio camino.

Con la mirada alimentada por la fraternidad de Whitman o Thoreau, Alberto Rivas nos muestra la riqueza y espontaneidad de lo verde, su verticalidad esperanzadora y tenaz, el delicado y necesario manjar de la luz. Al quedarnos quietos, al permanecer en un ámbito geográfico concreto, con materia orgánica y ciclos de tiempo que se suceden y se acumulan, ajenos a la electricidad y sus trampas, podemos ver y sentir la inevitabilidad ferocidad que supone estar vivo, ya seas azucena o humano.

Además, la excelente capacidad lírica que posee Alberto, mezcla de ceremonia y pincel:

Jazmines y geranios en los patios materia circense

en escalada, pequeño vals vienés entre tinajas,

miro mis plantas ante el desorden del recuerdo

como quien pregunta un espejo

por su matemática destreza para salvar el mundo

posee la capacidad de darle gravedad, sentido y emoción a destinos tan diferentes como, los ya citados geranios, pero también el cine, la familia o los selfies:

Los ciegos nos miran desde cámaras cerradas

cámaras ocultas en el barro,

preparan nupcias de bálsamo y espina,

entre tu cuerpo y mi cuerpo

para terminar el libro con un hormigueo de haber resuelto un enigma, una pregunta que no conocías.

El matrimonio anarquista, de Begoña Méndez y Nadal Suau

El matrimonio anarquista

Begoña Méndez – Nadal Suau

Editorial – Hurtado & Ortega

Precio: 18 €

Enlace para más información:

Es una cuestión de número, de estadística, de no poder abarcarlo todo. Pese a que existen la literatura, el cine y el teatro, es imposible conocer cómo vive todo el mundo en su intimidad. Y este conocimiento que yo busco y del que hablo en este reseña no se basa en una cuestión de cotilleo o de chisme sino de comprensión, de entender la vida, asir lo magnífico que es que sigamos vivos.

Lo que consiguen Begoña y Nadal en este El matrimonio anarquista, –propuesta evidente de oxímoron, que ya se encargaran de explicar a lo largo del libro– es afrontar la cotidianidad con honestidad. Con la máxima honestidad posible.

Porque el tiempo de los arquetipos, los modelos y las grandes estructuras del vivir ya hace tiempo que han mostrado sus miserias y los protagonistas de este libro, de este intercambio de cartas, es construir una vida sin miserias y honesta.

Supongo que es fácil llevarse al mundo propio las escenas que nos cuentan. Supongo que esa cercanía, esa fidelidad a los sentimientos hace que el lector no se sienta dentro de un libro sino dentro de una conversación con amigos. A veces, incluso da cierto pudor, por lo expuesto que está el daño, la felicidad, o un amor purísimo y cristalino.

No seré yo quien diga cómo se cierra el círculo para conseguir un auténtico matrimonio anarquista, pero lo que sí que diré es que lo que acarrea este libro es verdad. No es pretencioso, no busca sugestionar sea como sea al lector. Le expone sus días, sus cotidianidades, sus veranos, sus broncas. Como uno de esos audios largos de Whatsapp que te manda algún colega o aquellas charlas en extinción en las que algún amigo hacía de paracaídas a base de cervezas, cafés y cigarros.

Don Quijote de la Mancha. Cuidado, cuidadito

Llevaba ya bastante tiempo con ello en la cabeza, más o menos desde que entré en la educación primaria. Puedo decir que ese ello estaba en mi cabeza y fue creciendo con ella.

Ver por todos los lados a aquel señor alto y medio demacrado y a aquel señor regordete era ver un pasadizo hacia los libros, la cultura (la mayoría de las veces, un pasadizo por cruzar y nunca cruzado) cosas de mayores.

Por aquel entonces, cuando yo era niño, ponían una serie de dibujos (con una diabólica y pegadiza canción al inicio. Sé que te la sabes, no te hagas el loco) que veíamos en el cole y en casa. Don Quijote y Sancho estaban ahí, como unos parientes lejanos.

Según iba cumpliendo años y veía que mi gusto por la lectura aumentaba (luego, mucho después, vendría el de la escritura), en el horizonte aparecían aquellos clásicos y, sobre ellos, el Don Quijote de la Mancha como capitán general, paradójicamente ridículo y derrotado.

Ese horizonte quedo ahí, bello, inaccesible y aburrido porque aburrida fue para mí aquella lectura. No entendía nada, hablaban un español antiguo con palabras que yo no conocía y había referencias extrañas que me llevaban a sitios desconocidos. Vamos, un tostón.

Sin embargo, hace unos meses me animé a caminar hacia ese horizonte. Y lo hice sin prisas, sin urgencias y sin tener que dar explicaciones a nadie (ni siquiera a mí mismo, menos mal) sobre si había tardado mucho o poco en leer la mejor obra escrita en español, la primera novela moderna y otros adjetivos similares, para poder así intentar disfrutar de la lectura.

Reconozco que algunas partes me las salté. Otras las leí en diagonal, picoteando. Pero hubo otras con las que me reí, otras en las que se me saltaron las lágrimas y otras en las que aluciné porque algún recurso narrativo hubiera sido escrito ya hacía más de 400 años. Ahora que nos creemos tan ingeniosos y avanzados resulta que llegamos muchos años tarde.

Otro de los beneficios que tiene para mí el haber leído el Quijote es que hay muchísimas referencias a él en muchísimos ámbitos. Para empezar, España es el país del Quijote más allá de nuestras fronteras y que esto sea así nos ha identificado durante cuatro siglos. Como idealistas, locos, nobles, estrambóticos pero tiernos caballeros andantes. Además, durante estos cuatrocientos años, ha habido escritores como Borges y Nabokov, entre otros, que no solo es que hayan leído El Quijote y hayan cambiado su manera de ver el mundo y escribirlo, sino que han dedicado libros a él. Como si fueran unos continuadores de la obra del españolísimo morisco Cide Hamete Benengeli.

Esta es otra de las facetas que me ha sorprendido de El Quijote. Lo humanista que es con sus personajes y cómo están en el mundo quijotesco. Si bien este mundo es ruín, mezquino y cruel, también hay personajes íntegros, bondadosos y rebeldes que abren un pasillo a la fraternidad. Solo los mencionaré, pero aquí están:

La pastora Marcela, Crisóstomo, el morisco Ricote o los propios Don Quijote y Sancho Panza. Y, además, diré que me dio bastante placer enterarme de que el auténtico escritor de la obra española más importante de la historia era un morisco español y manchego. Esto se lo tiraré alguna vez a algún adalid de la pureza española, seguro.

Para terminar diré que no es una obra fácil ni tampoco perfecta, pero recomiendo que, si aún no la has leído, le eches un ojo. Sin presión y al ritmo que tú veas. Disfrutándola y sin tener que pensar en hacer un trabajo para la clase de lengua ni nada parecido.

Como introducción, aquí te dejo un par de charlas de los amigos argentinos de La última página que espero que te gusten y te animen a iniciar la lectura:

El sofista negro, Muhammad Ali, púgil y orador

No suele pasar que las letras y el boxeo coincidan, pero cuando hablamos de Muhammad Ali cualquier cosa puede pasar.
Perfóreme, poeta, orador, activista político…Ali marcó una época en la que los golpes con el lenguaje hacían mucho más daño al sistema que los golpes de los puños.

En este libro de Marco Mazzeo publicado por #terceroincluido se nos muestra cómo la genialidad de Ali va mucho más allá de su baile en el cuadrilátero, más allá de su capacidad de trabajo y de sacrificio, porque fue mucho más que un simple boxeador y por eso desde aquí se admira y se respeta al deportista más grande de la historia y recomendamos que os acerquéis a este libro para conocerle mejor 🥊🥊🖤🖤.