Cercanías o más acá del bien que del mal (Prólogo de Neorrabioso al libro Cercanías, Baile del sol, 2016)

Se ha salvado. El lector que tenga en sus manos este libro de Jorge García Torrego se va a encontrar con un poeta que se ha salvado tanto del preciosismo retórico como de la pobreza expresiva, lo mismo de la poesía que desprecia la claridad en el significado como de la que renuncia a las fuerzas del idioma. Ya en el mismo primer verso del libro,


En la muerte se deshacen las vidas como aspirinas sagradas

se propone de manera palmaria la técnica que va a ir desarrollando en el resto del poemario, una técnica que consiste en utilizar las metáforas no para decorar o sustituir
sino para iluminar lo que quiere decirse. En este caso que pongo de ejemplo, la unión de dos elementos en apariencia tan disímiles como muerte y aspirina nos alumbra una manera nueva de muerte que se sitúa tan lejana de la descripción estricta como de la imagen extravagante, porque García Torrego, que rehúye tanto lo informativo como lo abstracto o alucinado, no nos cuenta las cosas sino que muchas veces las crea, y eso le basta para ser entre los nuestros un poeta que se ha salvado. Pero antes de nada quizá deba aclarar qué entiendo por los nuestros. Y de qué tenía que salvarse.

Los nuestros

Nosotros pertenecemos a una generación de poetas que llegó al Bukowski Club entre 2006 y 2012 y cuyos integrantes, herederos en algunos rasgos de los antiguos cazurros o juglares de la Edad Media, nos hemos beneficiado de la aparición de Internet y las redes sociales para llegar con facilidad al público. Una de las características principales de casi todos nosotros es que no dominamos o incluso rechazamos la mayor parte del edificio métrico o la tradición poética en español, bien porque nos parece demasiado formal o cursi o restrictiva, o bien porque la manera de enseñar poesía en la escuela nos hizo echar a
correr como el lobo de La Fontaine, que sigue corriendo todavía.

Así fue. La poesía del siglo de oro no nos interesaba por sus formas antiguas y la de la edad moderna, con las golondrinas de Bécquer, la espina de Machado, los gitanos de Lorca, los malvas de Juan Ramón Jiménez, la mar de Alberti, el río Duero de Gerardo Diego o la
princesa tristona de Rubén Darío, nos parecía una tomadura de pelo o una colección de pamplinas. No digo que esta poesía sea mala sino subrayo que no conectaba
entonces con aquellos chicos de doce años con urgencias por hacerse mayores; que era demasiado exquisita y artificial para esas edades de los primeros cigarros y los primeros tacos, cuando bebíamos los primeros calimochos y empezábamos a mirar al otro sexo de manera distinta. Incluso nos repelía. Buscábamos algo más duro. Más auténtico. Seguramente habría sido distinto si nos hubieran mostrado a su debido tiempo la parte tigre o sorprendente de la poesía moderna en español, como el Poeta Nueva York de Lorca, el Sobre los ángeles de Alberti, el España en el corazón de Neruda, la Rosalía de Cantares gallegos, el Hijos de la ira de Dámaso Alonso, el Otero más político, el Vallejo de Poemas humanos, el Darío metafísico o el Juan Ramón Jiménez tardío, pero esos poemas no los descubrimos con un mínimo de detenimiento hasta segundo de BUP, ya con 16 años, y
siempre con la obligación de tener que hacerles el “análisis morfosintáctico”. Por otra parte, la lección de los historiadores antiguos (pienso en Herodoto, Suetonio, Tácito, Plutarco o Diógenes Laercio), que aderezaban el rigor histórico con la anécdota y el chisme más sabroso, parece haberse olvidado y la presentación que se nos hizo de los poetas españoles era poco menos que la de unos santos con catecismo y aureola. En las escuelas
españolas, al menos en las de antes, nadie te decía que fray Luis de León era un hombre de 1’55 con un temperamento de mucho cuidado, o que Juan de Yepes se comió literalmente los documentos comprometedores cuando fueron a detenerle los frailes calzados, o que
Teresa de Ávila era acusada de prostituir jovencitas, o que Lope de Vega iba amontonando esposas, amantes e hijos; o que Quevedo era cojo, misógino y xenófobo, o que Antonio Machado tenía relaciones sexuales con una niña (Leonor) de catorce años, o que Pedro Salinas debe sus poemas de amor a una infidelidad, o que los del 27 utilizaban la Residencia de Estudiantes para tareas tan instructivas como organizar concursos de pedos para
apagar velas. No. Nuestra clase de literatura consistía en un temario beato donde te enseñaban poemas fríos y perfectos escritos por poetas que nunca jamás desobedecieron
a sus padres. Y claro.

De ahí que se haya abierto una zanja entre los poetas de otras generaciones y nosotros. Mientras que ellos buscaban poetas apolíneos de tradición española, nosotros leíamos a los intempestivos en (malas) traducciones extranjeras; mientras ellos cultivaban un oído silábicoacentual, el nuestro era sintáctico y colindante con la prosa; mientras ellos hicieron sus primeras armas leyendo la Segunda Antolojía juanramoniana, nosotros buscábamos
a Blake, Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Artaud, Ginsberg, Kerouac, Corso, Brecht, Bukowski, Pizarnik, Sexton, Benedetti, Lizano, Parra o Leopoldo María Panero, porque era en éstos donde encontrábamos esa poesía callejera, dura, cortante, a veces crítica,
a veces transgresora, a veces vandálica, escrita por locos, rebeldes, borrachos, inadaptados o personas con el cerebro a-punto-de-romperse. Buscábamos una poesía real
e intensa. Una poesía de los colmos.

Y de unos extremos pasamos a otros. De una poesía eufónica que para leerla había que quitarle primero el plástico, pasamos a hacer otra que de tan sencilla caía muchas
veces en simplona. De usar las setecientas palabras más difíciles del diccionario, todas de hipsípila para arriba, pasamos a usar las setecientas más fáciles, todas de cerveza
para abajo. Pasamos de lo virginal y sublimatorio a lo arrítmico y pornográfico. No quiero decir con esto que haya estilos de poesía que sean mejores que otros. No. Y mucho menos quiero denunciar a la poesía narrativa de corte realista, que ha dado y sigue dando en los bares de Madrid algunos poetas estupendos, tanto en su vertiente oral como en la escrita. Pero cuando acudes a una jam session y te encuentras que, siguiendo la naturaleza imitativa del ser humano, el 90% de los poetas que recitan no se atreven nunca a romper la sintaxis, tienen miedo a las miedáforas y piensan que las imágenes son cosa de Instagram, te dices: aquí hay un problema. Y cuando te das cuenta de que por cada poeta decente que sale en esta línea surgen diez que no solo son deplorables sino una palabra más grave que todavía está por inventarse, te dices: aquí hay un problema grande. Y justo de ese riesgo es del que hablo. El riesgo del que hay que salvarse.

Cercanías
Y García Torrego se salvó, claro. Comenzó como todos: lo recuerdo viniendo a las sesiones de crítica feroz del bar Dinosaurio con unos poemas sociales meramente contenidistas, ausentes de veneno y lirismo, que fue abandonando a medida que acumulaba lecturas y empezaba a frecuentar a otros poetas lejanos al circuito de los bares, detalle este inusual en la mayoría de los poetas. Al poco tiempo comenzó a aparecer con poemas donde ya
hacía esguinces al idioma, como apuntándose a aquella definición de Jacobson según la cual la literatura es una violencia organizada que se hace sobre el lenguaje ordinario, y ya en 2014 publicó Ojo y ventana (Canalla Ediciones), donde se vislumbran embrionarias todas las maneras de decir que salen ampliadas y mejoradas en Cercanías. Cercanías está estructurado en seis partes, las tres últimas sobre los vaivenes del amor, y trae de novedad con el poemario anterior, además de la mejora en la carrocería de los poemas, la estructura más firme y la visión más profunda. Esto de la visión me parece muy importante y es un elemento que echo en falta en la mayoría de los poetas actuales. Cuando hablo de visión hablo de sustancia. En efecto, aparte de las maneras de decir, ¿qué proyecto de existencia me propone el poemario, si es que tiene alguno? ¿Qué raíces guarda con el pasado? ¿Con qué otras disciplinas establece conversación? ¿A cuántas capas de lo humano afecta?

La clave la da el propio nombre, Cercanías. Parece decirnos JGT que todo en este mundo, lo mismo lo físico que lo metafísico, la amistad que el amor, el trabajo o la política, Miraflores que Torrelaguna, Madrid o España o el planeta Tierra, en el momento en que uno se preocupa por ellos y los quiere, se convierten en cercanía. Y es el ojo del poeta, el de cada uno, el que elije lo que es cercano de una forma discriminadora y asimétrica, basada sobre todo en criterios de amor y justicia. Por eso el poeta se refiere de forma negativa al capitalismo oa la patria, a los mandamases o a los explotadores, a los que encuentra lejanos, y en cambio encuentra cercanos a los inmigrantes porque, como dice en el epígrafe de un poema: “mirarse en los ojos de otro / que no conoces /que no conocerás nunca / y saber que es tu hermano, / que siempre lo ha sido”. Parafraseando y negando a Nietzsche, podríamos decir que JGT siente el bien más acá. Y el mal más allá.

Consigue así un poemario donde el pluralismo es a la vez monismo, con vasos comunicantes que desembocan en una unidad de la que se extraen varias consecuencias, pues nos está diciendo García Torrego que, en puridad, no existe una división entre lo público y lo privado o entre lo barrional, lo nacional y lo universal, lo mismo que no existen diferencias esenciales entre la familia, el amigo, la novia o el trabajador de Indochina, y que el único dualismo existente es, en todo caso, el que se establece entre los que tratan de vivir y los inicuos y depredadores que no nos dejan vivir, sean de donde sean, ocupen la categoría que ocupen. Y logra esto utilizando un lenguaje que marca distancias tanto con los que elevan el registro poemático porque desprecian al lector como con los que lo rebajan tanto que parece que lo toman por tonto. JGT rompe la sintaxis, utiliza metáforas audaces y asociaciones insólitas, adjetiva sustantivos y sustantiva adjetivos, pero siempre lo hace a la luz y con los pies en el suelo: puede torcer y retorcer el lenguaje pero nunca al punto de hacer dificultoso su significado.


Vivíamos dudando entre el violín y el tambor cuando llegó Jorge García Torrego. Allí donde empezaba a sonarlo mismo se puso a sonar distinto. En Cercanías se acaba el enfrentamiento entre la ilustración y el romanticismo y la polémica entre Lukács y Brecht deja de tener sentido. Este poeta no se ha entregado por entero ni a la res ni ala verba de Horacio y ha preferido aunarlas con maestría. Lo ha conseguido y por eso sostengo que se ha salvado. Se ha salvado el poeta y se ha salvado la poesía.

Batania

Ejercicio de astrología

Dejaré en blanco el cuaderno que nos espera, habrá páginas en blanco siempre para las manchas como arañazos en las paredes de las mudanzas,

así nuestra vida, latigazos de presente sobre el silencio de la nada, arañazos de Tirma en nuestros brazos desnudos.

tú,

boya en el centro del tiempo, flotando sobre el frío y no acabando nunca el culo de primavera que queda en el vaso,

mirando a los lados es difícil caer de tu sonrisa, como hamaca abierta en canal tú me acoges,

y yo escribo hojas en blanco con tu pasar, manos manchadas de polen,

dedos cubiertos de espuma de cerveza.

Así te escribo yo,

astrónomo que solo entiende de estelas,

del olor que deja la hoguera la mañana siguiente.

(poema que puedes encontrar en mi libro Hogar)

si tú vienes conmigo, de puntillas o de punta en risco, yo te celebraré en todos los calendarios de la lluvia, en todos los 360 grados de la naranja, en todas las papilas gustativas del verano.

Hay un poema ya olvidado,

Hay un poema en un libro olvidadohay un poema en un libro olvidado que habla de un mundo sumergido y casi olvidado.

Y ese poema, que se titula Facebook, me habla de un mundo analógico abandonado por nuestra atención. Las amistades del aquí profanadas por el ruido del allí, el presente que sucede queda apartado por el futuro del más allá.

Este libro del que hablo, Cercanías, fue publicado en 2016 y en él ya hablaba de cómo las redes sociales, si se usan más allá de lo debido, nos alejan y nos hacen perder contacto con el mundo real. Ojalá que, más allá de los cables, también encontréis a aquellos que os quieren cerca ❤❤🌾🌾:

Facebook

Las fotos que cuelgas ahorcan un recuerdo líquido y vivo,
la silueta que rodea la quemadura.
Multiplicación de espejos,
¿Quién soy, facebook?

Soy facebook y su sombra, y mi sombra,
disfraz hasta la asfixia.

Dime que te gustó el esqueleto de mi tristeza,
dime que compartes mi nada manchada con luces,
comenta,
di me gusta,
aplauso sordo para mantenerme en pie.

Decidme quién soy,
quién me busca más allá de los cables.

El sofista negro, Muhammad Ali, púgil y orador

No suele pasar que las letras y el boxeo coincidan, pero cuando hablamos de Muhammad Ali cualquier cosa puede pasar.
Perfóreme, poeta, orador, activista político…Ali marcó una época en la que los golpes con el lenguaje hacían mucho más daño al sistema que los golpes de los puños.

En este libro de Marco Mazzeo publicado por #terceroincluido se nos muestra cómo la genialidad de Ali va mucho más allá de su baile en el cuadrilátero, más allá de su capacidad de trabajo y de sacrificio, porque fue mucho más que un simple boxeador y por eso desde aquí se admira y se respeta al deportista más grande de la historia y recomendamos que os acerquéis a este libro para conocerle mejor 🥊🥊🖤🖤.

Cocinas

Hace diez años vivía en la cocina de la foto, en Göteborg, Suecia. De aquel tiempo no queda prácticamente nada, salvo mi devoción por las cocinas. Ese calor único. No guardo con un recuerdo muy cariñoso el tiempo en Suecia, pero sí aquella ventana desde donde manejábamos el tiempo, las nubes y la luz.

Aquí os dejo un poema de Hogar, del libro que publiqué hace unos meses y que rinde homenaje a las cocinas, la parte más verdadera de los hogares:

«Acuérdate que te recuerdo. Si no te acuerdas no importa mucho. Siempre te veré caminando por los rieles», Jorge Teillier.

Se llamaba hogar y era un río,
una pléyade de puertas por abrir,
un sonajero de risa y desayunos.
Tenía la piel recién labrada por la luz
y en su cuello una coma de sudor pausaba la tierra.

Y en esa pausa vivía yo.

Se llamaba hogar y en su rama la cabaña.
Se llamaba hogar y en su oscuridad un catalejo.

Se llamaba hogar y sus manos eran leña,
su cuerpo entero un bosque.
Se llamaba hogar y era un río,
no se acababa nunca,
la calma era nuestro cimiento,
y por las bocas entrábamos y salíamos al mundo.

Siempre contra las dictaduras, los reyes y los explotadores. Siempre con el ser humano. Siempre con y por la fraternidad.

¿Quién dijo quédate debajo, en el lado oscuro de la tierra?Quién dijo yo obedezco la palabra de Dios y Dios es amor y miedo. Somos los nietos del asesino que nunca preguntó hasta dónde llega la culpa. Los negros se hunden en el estrecho porque el estrecho es una palabra y ellos no tienen boca.

Los que llegan ya no quieren boca, no hace falta, ellos son mobiliario urbano, el animal precioso para el safari de Madrid. Tienen una pregunta que les da vueltas y vueltas en la tripa pero no tienen boca. Nosotros tenemos boca pero nos rodeamos de espejos.

Caminamos el silencio de la herida que no se acaba, herida que no duele con agua de mar y cuerpos cayendo como plumas de pájaros enfermos.

¿Qué infierno hay en el fondo del mar?
¿Cuántos huesos hacen falta para crear una isla?
¿Cuántos litros de sangre negra se necesitan para pudrir los muros de la vergüenza?

Miremos a Dios y pidamos ayuda. Él nos dirá paraíso si nos sacrificamos, si creemos en su silencio. La tierra es un órgano de cada cuerpo y no nos duele que se llene de cadáveres. Nadie nos enseñó a mirar a los ojos ni a construir barcos, ni puentes, ni bocas.

Somos tan poderosos que nos envenenamos.
Cruzamos el estrecho y somos Dioses. Cruzan el estrecho y son ceniceros para nuestro incendio.

Se estrellan contra el mar porque quieren. Como quiere el niño morir en un incendio. Europa no puede ser para todos. Que nadie nos quite nuestros juguetes. Nuestras ciudades necesitan cimientos de mierda y ellos nos sirven, por ahora. La distancia entre tu corteinglés y su hambre es lo que nos hace felices.

Mala suerte, pero aquí no hay sitio.

Muérete en otro suelo, hueles diferente y nunca serás
Obama.

(Poema que pertenece a mi Libro Cercanías, publicado por @bailedelsol en 2016).

15M

Es verdad que todo estaba como siempre y nada raro debería haber pasado. Y lo de siempre era una reunión de unos cuantos chavales y unos cuantos viejos que no aceptaban cómo eran las cosas y salían a decirlo por las calles. Pero aquel día me di cuenta de que de que algo sí que era diferente: la cantidad de gente.

Como una ley o una fórmula matemática aquel que estudiaba y se esforzaba encontraba trabajo de lo suyo, podía elegir su futuro a través del esfuerzo y la dedicación. Había esperanza y esta se construía día a día. Pero esa ley empezó a deshilacharse y se volvió fraude. Ya teníamos la sospecha, pero fuimos muchos los que, pese a no legitimar del todo esta correa de transmisión llamada obediencia, la aceptamos: estudiar, prepararse, esforzarse para estudiar algo que nos motivara y formara para trabajos cómodos (o más cómodos y retribuidos que otros, al menos).

La mayoría teníamos ese perfil: familias de clase media que, con esfuerzo, habían podido ofrecer tiempo y oportunidades a sus chavales. Sin embargo, toda esa esperanza, todo ese anhelo por la justicia se transformó en frustración y engaño. Y así, en esa manifestación, buscando esa justicia, encontramos que no estábamos solos. Y quizá, como a mí me pasó, encontramos a otros que compartían nuestras reclamaciones. A otros que tampoco habían aceptado el futuro que habían tenidos sus padres y sus abuelos, y junto a ellos caminamos y gritamos las consignas que sentimos como verdaderas:
¡Que no, que no, que no tenemos casa!¡Lo llaman democracia y no lo es!

¡PSOE, PP, la misma mierda es!

Y no, el origen no fue un déficit democrático, una intención de abolir la monarquía o echar abajo el sistema del bipartidismo sino una visión individualista, concreta. No fue en realidad por la democracia sino por nosotros mismos. Nosotros, la generación más preparada de la historia, que creíamos que nos podríamos salvar de la mediocridad y tener una vida cómoda, también fuimos tragados por la frustración y la falta de oportunidades. Pero dijimos no.

La prepotencia que dan las carreras universitarias, los idiomas, los viajes, el dinero en el banco. La altura del camino hecho que hace ver a los demás desde arriba, pequeños, insignificantes. Y hubo algo de eso en aquella democracia previa al 15M. Una democracia parlamentaria y limitada en la que todos teníamos el diámetro de voz, de opinión y de voto iguales y eso nos desesperaba.

¿Cómo va a valer igual mi voto, yo que conozco las dimensiones de la urna democrática, la historia del parlamentarismo alemán, que la de aquel que lleva sin leer un periódico 7 años, zambullido en la mentira de las noticias de los medios de comunicación mentirosos y generalistas?, ¿es esto justo?

Esa prepotencia y ese golpe de realidad se encontraban cada vez que había elecciones.

También esto nos lo enseñó el 15M. Porque a esas asambleas que montamos con prisa, sin idea pero con ideas, por algunos pero para todos, en la que estábamos convocados todos. Los de estudios y los que no. A los que nos gusta escucharnos y a los que les avergüenza escucharse. Todos, cada argumento echado al centro de la mesa, todos iguales y todos diferentes.

Y fue una lección de democracia ver cómo se caía esa propuesta de anarquismo tranquilo y cívico, democracia para todos, que cada uno dijera lo que sintiera. Se intentó, se puso en pie, horizontalmente, precariamente, para todos y, sin embargo, no pudo seguir caminando.

Quizá estábamos condenados a la desilusión. Condenados a la juventud, a la esperanza y a la utopía y a la sombra que estas dejan llamada desengaño, nostalgia y desencanto. 

Pensamos que todo era posible. Aquellos 24 acusaban (y siguen acusando) con dedos fuertes a estos 34 años de hoy, desde donde escribo esta pequeña reflexión a modo de excusa o explicación.  

Supongo que todas las generaciones de jóvenes idealistas pretenden evadir la desigualdad, la injusticia, el martillo uniforme y repetitivo de la jornada laboral. Nosotros desde luego que lo creímos, nos sentimos fuertes al reconocernos en otros y caminamos y protestamos. 

Algunos puntos concretos del 15M los podemos ver en Podemos. 

Estábamos cansados del bipartidismo, de que se repartieran el poder con nuestra complicidad cada 4 años y, al menos, esto cambió. 

Hubo un partido (¿hay?) que amenazó este juego dicotómico y opresivo. Nos quedan muchas dudas y muchas posibilidades de qué podría haber pasado si, pero la certeza que tenemos es que hoy en día el panorama político español es mucho más realista que el de hace 10 años. 

Hay mucha gente que se siente más representada en el sistema de partidos, ya que este se ha ensanchado. Y pensarás, ¿Y VOX, qué? Como si la aparición de VOX fuera una consecuencia de la entrada de Podemos, pero es que VOX ya existía en el PP. La aparición de este partido no es la aparición de sus votantes, algo que sí que pasó con Podemos, ya que los votantes de VOX en su mayoría votaban al PP y los votantes de PP en su mayoría no votaban. 

Seguramente ya es tarde para deshilachar el nudo que se ha formado en Podemos, con la estructura vertical/electoralista que busca el fin (la llegada al poder entonces, el mantenimiento en el mismo ahora, algo que yo nunca apoyaré pese a haber conseguido algunas victorias concretas en forma de leyes justas), pero la aparición posibilista y no residual de Mas Madrid puede dar una visión más amplia a esta herencia del 15M.

A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales

A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales es un libro necesario para todos aquellos que quieren conocer mejor la #Guerracivilespañola.

Se trata de nueve relatos en los que el periodista Chaves Nogales muestra la crueldad de la guerra sin parapetarse ni justificarse en bandos ni fines. Él, republicano y socialista convencido, consigue en este libro mostrar la entraña abierta que fue España que fue la guerra civil después del el golpe de estado fascista de Franco.

Os recomiendo que dejéis a un lado vuestros prejuicios, vuestras reservas y entréis en este libro que tiene una gran dosis de verdad y honestidad, que es lo que deberían perseguir todos los buenos periodistas.

Poder

Un hombre no puede nada contra la lluvia
nada contra los coches
y se vuelve derrota escuálida contra la muerte.

Un hombre no puede nada
una tragedia pequeña le tira al suelo
una televisión tapa su ojo para siempre
y un hombre no puede
ni siquiera levantarse contra el viento
no tiene garra suficiente contra la jungla
ni remolino en la lengua para el amor, tan enorme.

Uno no puede nada,
pero dos lo podemos todo.

//

Así debe ser, así la fraternidad y la unión derribará la injusticia, entre todos. Una vez que ese paso se da, una vez que ese paso se celebra y se ve continuado por otros muchos pasos. Como ayer se dio en el perfil de @lalorenza_, donde estuvimos leyendo poemas para visibilizar y denunciar la situación que está sufriendo Colombia.

Ojalá que esta batalla por la dignidad y la justicia alcance hasta arriba, a todo el gobierno. Ojalá.