Poemas nuevos/

 

(20/6/2017)
Cada palabra
una puntada,
el hilo como el hueso del río que soy
el cauce,
la vena seca que queda.

De todo el humo del recuerdo

polvo estrellado en la curva del cráneo

no quedará nada

nada seré

nada soy

salvo ese hilo

el poso después de que pase el tren,

el escombro después del temblor.

 


Cercanías (Baile del sol, 2016)


Los viejos olían a sopa fría. Mezcla de colores apagados, niños que llegan al otoño y tienen frío del invierno, que es donde se acaba todo. Se mueven lento los viejos, como si tuvieran cariño al suelo y no quisieran abandonarlo. Son mezcla de olivo y engranaje, tienen la piel marcada con las agujas del trabajo, como signo de sequía.

A pesar del tiempo siguen aquí, como actores secundarios e inválidos. Son libres en su espacio frágil de papel y espinas, varados con los ojos húmedos aún. Tienen un tiempo gastado en el cerebro y saben que no volverá el rocío antiguo.  

Los viejos caminan en las tardes para recordar el mundo que fueron, la velocidad de sus tendones, la fiebre que tuvieron los primeros días. Se dan la vuelta y se vuelven niños. Necesitan la guía para desaprender el mundo y dejarnos aquí, solos.

En su cansancio hay un mensaje para nosotros. Poco tiempo nos queda de pelo y poco tiempo de celebrar las noches. Pocos días para apretarnos a las revoluciones y los amigos, que aquí todo se acaba y se cierra la función. Sigue esperando el hijo que no te atreves. Tu yo del futuro desea que dejes ya ese trabajo de mierda. Tu viejo tú lo sabe.

Se mueven en grupos porque la muerte les ataca cuando se quedan solos. Edificios a punto de caerse, gafas y papeles amarillos. 

Personas que están bajando la cuesta, que todo su futuro son recuerdos y volver a caminar el paseo de su recuerdo, pero su recuerdo ya no existe. Las casas ahogadas en hormigón moderno no dejan ver su memoria. El campo, los ríos, las alpargatas y el amor con los animales. Vértices de aquel tiempo en blanco y negro desde aquí, desde el presente asesino que no olvida a sus víctimas. 

(…)

El capitalismo te sopla la nuca en la fila del supermercado, saca la cartera, quieres bolsa, quítate del medio, déjame pasar, date prisa, ¿eres del club? ¿Qué club? ¿Quieres una bolsa o no? Son quince con veintisiete segundos de tu vida, quiero decir, euros. ¿Tienes veintisiete céntimos sueltos? Dese prisa, el siguiente.

Se llamaba Montse pero a ella también se le olvidó su nombre porque capitalismo no es palabra oscura, es photoshop brillando en modelos como signos de exclamación y matando niñas que no pueden meter más tripa en las fotos.

El Capitalismo sube una escalera con los peldaños de tu padre y tu abuelo. El que le roba su hijo a la madre que no puede parar de apretar tuercas. Capitalismo tu compañero de escuela que no te deja copiar, que no te cuenta los misterios. Nos rodean de dinero y nos cortan las manos. Hace tiempo que el burro se cansó de la zanahoria, ahora quiere un IPAD y un móvil para poner una zanahoria en twitter. Hay que alimentar al monstruo del nosotros mismos. Todos son enemigos.

El amor es una estrategia de mercado, un marketing de selfies borrachos. El capitalismo nunca envejece, se alimenta de tus hijos llorando porque no tienen la última play, ni el peinado de Cristiano. Capitalismo mundial de amiguetes y tecnología que esconde esclavos. Te pago un móvil por ocho horas al mes de trabajo. El salario es un flash y una foto en facebook con muchos me gusta. Aparta la muerte. No pienses en ella. Luce y compra la última moda. Todas quieren ser como aquella heroína en 3D que nunca existió. Todos quieren tener cuadraditos.

No son palabras raras. Capitalismo mezclado y agitado atravesando tu garganta. Capitalismo tu, y yo, y todos los compañeros. Capitalismo machacando gatos y perros en las autopistas y vendiendo el espectáculo en un vídeo de youtube. Capitalismo jugando contigo, cuánto vales, qué tienes para mí en este combate a muerte. 


Ojo y ventana (Canalla ediciones, 2014)


Qué tristeza cuando no estás,

dentro

riendo entre camisetas y bragas.

Dejaste aquí tu cauce

y te llevaste la saliva

cuando no estás es el tamtám que me queda

tocar las cenizas

de tu piel de verano.

Doblo tu ropa cuando no estás

llamándote

a gritos

con mis manos.

(…)

Si al menos se acordara la lluvia de sus labios aún habría esperanza. Pero la lluvia golpea la ciudad sin memoria, cansada de inutilidad y humo triste. Agua sucia rompiendo intestino del metro y la gente llega tarde a su celda. Nada más. El concierto frenético de coches y sangre asustó a la tierra, se cerró de golpe y los gusanos y el cristal se reproducen bajo los edificios. Todos queremos nuestro agujero de tristeza pero no hay nadie que plante un olivo. Ni una sola cabra que escale los rascacielos cuchillo. Quien agarre algo en la ciudad es mejor que lo guarde, se acercan los osos hormigueros municipales a oler tu sobaco.

El Retiro pide ardillas para Reyes a los gorilas del Ayuntamiento que partieron sus ramas. Cualquier cordón de zapato tira al suelo a familias enteras, no hay salida de emergencia y es necesario ser gilipollas para disfrutar la película y el salario. Se ha visto a niños supervivientes en las grietas de la ciudad, pero solo pueden jugar a la pelota los hijos de las iguanas bancarias. El resto juegan con remolachas o lechugas podridas, huyendo de la economía que huele a boñiga.

Madrid empachada de plumas, y la tripa sigue vacía. Se amontonan los años en nuestra conciencia y aún no hicimos nada, los deberes se nos acumulan y la mochila nos tira al suelo. Estamos cansados antes de empezar. No hemos abierto la boca y ya se nos mete la mosca del miedo.

En Madrid se pide a Dios que no mueva una coma, que nadie sacuda la ceniza de las aceras que bastante tenemos ya con mirarnos a los ojos.

No hay ejército de indios que asome a lo lejos. Nadie nos salvará y flores por el suelo, pero si quieres yo te dejo sitio aquí, en mi barricada de poesía y ladrido.