poesía nueva

5

a medias.

Quiero decir, tu pelo sobre mi cuello pesaba lo mismo que un engranaje de lenguas cansadas de navegar, como el silencio de un mar que no se mueve, como las ventanas mentirosas que ocultan su cara al silencio.

Me quedé a medias en el saborear amarillo de mi lengua en tu nuca,

recoger los frutos que quedaban en tu boca cuando el río del amor se iba

y nos dejaba encogidos y fríos

recolectores de un temblor aún caliente en las manos.

 

A medias,

huérfano de tu sombra que ha quedado tatuada en mi cama como maldición de brujos antiguos,

sombra que se hunde en el blanco y me hace recorrer las tripas del delirio sin cuerda que me devuelva a la mañana,

al orden,

y el canto de la humanidad pasando a mi lado sin tocarme.

 

Dime de nuevo el color que tenía tu espalda,

dímelo con las manos abiertas como palmeras, como mudos que gritan con gestos, con sus huellas dactilares dilatadas.

Dime dónde voy a comer los pedazos vacíos de la selva,

donde la sombra se escapa del camino y no podemos movernos más rápido que nuestros dedos.

¿Te parece esta manera una buena manera de vivir, así, sin dejar que tus labios escapen de la tumba una vez más?

 

Porque en la cojera de tu boca atrapada en el cepo de la semana está la tragedia de mi tiempo como tierna corza que es atropellada por el frío

sin espasmo,

tan solo la calma de tu color sin manchar mi yegua llamada sexo.

 

Yo navegaba el pantone del amor, sus corrientes submarinas de témpera y alunizajes,

y qué derrota,

qué distancia vertical tan rápida llamada caída

qué soledad rompiendo el suelo

qué invierno se está acumulando en mis manos torpes

qué laberinto son estos dedos

mis dedos

sin tu desembocadura.


4

repito tu nombre

memoria

trenza de latido y ceniza.

 

Repito tu nombre para no perder las vocales

las huellas del camino a casa.

 

explotó el tiempo sin piedad y nació el desierto,

silencio,

almacén de todos los caminos por recordar.

 

Soy el hambre de la marea

la escritura a fuego en las hojas cansadas del otoño

el primer paso de todos los caminos.


3

Cada mañana regreso a la ruina sagrada de la cama deshecha,

donde las sábanas dibujan palabras mudas, caídas,

sombra del baile de nuestros cuerpos al acecho

nuestros cuerpos atravesados por el sueño.

 

Queda la palabra sin tilde,

todas las letras son haches y mido el largo

y mido el ancho

y en los pliegues fecundos de las sábanas agarra la raíz de la memoria.

En la papiroflexia del día a día

su cacareo diario

nuestra silueta se dibuja como quemadura involuntaria navegando el tiempo.


2

tu escote vértigo de golondrina,

estación de paso donde grapé mi lengua,

fruta cóncava milagrosa

madera morena,

Diosa de los pájaros carpinteros.

 

Tú,

tierra húmeda y compacta elevada del suelo

sonrisa que contagió a los postes de la luz

y de ahí esta luz,

este cosquilleo que me alimenta a mí

y nadie entiende en la ciudad.


1

Aquí estamos donde la ropa nos separa,

donde tu belleza es madriguera en el grito de la ciudad,

una concha, una mano aprendiendo a nadar en la noche.

 

Somos esta suma de ríos, amuleto escondido,

limpiar la casa y mantener el cuerpo sucio, vivo,

multiplicado en la magia de la ducha donde no acaban los brazos.

 

Ensayo de mar en la espuma cayendo por tu espalda

como una catarata perezosa,

nieve ardiendo al caminarte.