YO, SÍSIFO

Pecho de lata,
eslabón corroído,
pulso inestable del caballo flaco llamado progreso.

Soy Sísifo,
el usar y tirar de días manchados e iguales,
raíz muda y viaje en círculos.

Soy Sísifo
condenado,
estación final del hombre en serie y los sentidos cortados con cuchilla
cauterizados los tendones del amor
tapiadas las salidas de emergencia.

Soy Sísifo y escupo mi nombre a las abejas libadoras que cosechan minutos y producen nóminas
y pequeños grumos de azúcar que llamamos dinero.

Soy Sísifo y grito a los dioses que manejan los barcos,
los semáforos y los buses de línea,
les grito que empujaré su piedra,
descansaré las brújulas y volveré a casa,
que la luz de Mérope en la noche no me ciegue y me guíe,
que en el cerrar los ojos despierte mi cuerpo y se borre vuestra condena,
¡oh, dioses impolutos y tristes!
envidiosos de nuestra angustia,
de esta asfixia llamada muerte y de sus helechos del
placer donde nos escondemos.

Soy Sísifo,
os digo,
el que masca piedra a diario y cada noche Mérope no aterriza en mí
no aterrizo,
todo es un ensayo macabro,
un diálogo de muebles y ruidos,
la escarcha que silencia nuestro deseo como ancla dormida,
el jarabe de las pantallas encendidas,
su trampa viscosa llamada «series».

Soy Sísifo,
el que encontró a Mérope en los arrabales de la ciudad,
en las afueras donde los caminos se abrasan de soledad,
marcaré tu nombre en mi lengua
«Mérope»,
y en cada palabra un incendio con tu olor.

Soy Sísifo,
el perdido, el condenado,
volveré a casa.

(Se puede encontrar en el libro El despertador de Sísifo 🌄)
(Vídeo hecho por Miguel García Torrego – FlowCost)

22:30 H.

22:30 H.
Un trabajador es un esclavo a tiempo parcial.
La abolición del trabajo, Bob Black

El trabajo es un ancla.
y las 7 de la mañana el primer paso de la cadena,
donde la herrumbre cabalga a pesar del sol y su lengua.

En el mar del día los mapas se construyen con los otros que no fuiste,
lo que quedó fuera de casa aquella noche.
Machacar la carne en el mortero para conseguir salario.

Así el cocinero te busca en los estantes de la ciudad,
tu olor escondido en habitaciones volátiles como papeles arrugados,
huir de su mano entrevista de trabajo
quedarte suave:

Sacarle el alma al orégano es un símil
de tu primer día de curro.

(Se puede encontrar en el libro El despertador de Sísifo 🌄)

Segunda edición de El Despertador de Sísifo, con Lastura ediciones

Hace dos años y medio yo no sabía nada de las oposiciones en las que ahora ando metido. No me planteaba meterme (ni loco) al estudio de 50 temas, 7 de ellos de legislación. Trabajaba y ahorraba, tenía trabajos más o menos esporádicos, trabajaba de corrector y de administrativo en donde pudiera/donde me quisieran.

En esa época mi lema era «Trabajar para sobrevivir/la poesía para vivir» y me conformaba con desperdiciar 40 horas a la semana con tal de que, después de salir de trabajar, pudiera ser libre. Tapaba parte del río para mantenerme a flote, no hundirme en la incertidumbre de no tener trabajo y, a la vez, seguía habiendo corriente que me mantenía vivo.

En esa aparente estabilidad escribí este libro, El despertador de Sísifo. En el hollín del transporte público, en las marcas de sudor en las paredes de la oficina, en un presente hecho de niebla y libros de poesía en los rincones.

Hoy, mucho tiempo después, mi vida ha dado un vuelco. El río corre suelto porque trabajo cada día por conquistar un horizonte llamado Bibliotecas que me hace feliz. Trabajo en la UAM, ya no existe el óxido y el sacrificio de las 8 horas y Lastura publica la segunda edición de este libro sobre trabajo y poesía que, sin embargo, habla de amor, como todo lo que escribo.

Os dejo parte del prólogo de mi querido Alberto García Teresa:

Jorge García Torrego elude la impostura porque habla desde dentro del conflicto, desde la anulación por el trabajo y también desde la angustia y la incertidumbre del desempleo. No es cuestión de autenticidad sino de que no existe otra posibilidad de enunciación, por más que intenten desplazarnos como imanes cánones de tradición o discursos del mercado, cuando nos siguen determinando el estómago y las manos desnudas. De ahí la honestidad y la valentía de esta propuesta. Porque no juega a los espejismos. Porque no se desliza por el autoengaño. Porque no renuncia, con su propia voz, a mirar la vida y ver cómo nos la roban.

Podéis encontrarlo aquí: