Ejercicio de astrología

Dejaré en blanco el cuaderno que nos espera, habrá páginas en blanco siempre para las manchas como arañazos en las paredes de las mudanzas,

así nuestra vida, latigazos de presente sobre el silencio de la nada, arañazos de Tirma en nuestros brazos desnudos.

tú,

boya en el centro del tiempo, flotando sobre el frío y no acabando nunca el culo de primavera que queda en el vaso,

mirando a los lados es difícil caer de tu sonrisa, como hamaca abierta en canal tú me acoges,

y yo escribo hojas en blanco con tu pasar, manos manchadas de polen,

dedos cubiertos de espuma de cerveza.

Así te escribo yo,

astrónomo que solo entiende de estelas,

del olor que deja la hoguera la mañana siguiente.

(poema que puedes encontrar en mi libro Hogar)

Segunda edición de El Despertador de Sísifo, con Lastura ediciones

Hace dos años y medio yo no sabía nada de las oposiciones en las que ahora ando metido. No me planteaba meterme (ni loco) al estudio de 50 temas, 7 de ellos de legislación. Trabajaba y ahorraba, tenía trabajos más o menos esporádicos, trabajaba de corrector y de administrativo en donde pudiera/donde me quisieran.

En esa época mi lema era «Trabajar para sobrevivir/la poesía para vivir» y me conformaba con desperdiciar 40 horas a la semana con tal de que, después de salir de trabajar, pudiera ser libre. Tapaba parte del río para mantenerme a flote, no hundirme en la incertidumbre de no tener trabajo y, a la vez, seguía habiendo corriente que me mantenía vivo.

En esa aparente estabilidad escribí este libro, El despertador de Sísifo. En el hollín del transporte público, en las marcas de sudor en las paredes de la oficina, en un presente hecho de niebla y libros de poesía en los rincones.

Hoy, mucho tiempo después, mi vida ha dado un vuelco. El río corre suelto porque trabajo cada día por conquistar un horizonte llamado Bibliotecas que me hace feliz. Trabajo en la UAM, ya no existe el óxido y el sacrificio de las 8 horas y Lastura publica la segunda edición de este libro sobre trabajo y poesía que, sin embargo, habla de amor, como todo lo que escribo.

Os dejo parte del prólogo de mi querido Alberto García Teresa:

Jorge García Torrego elude la impostura porque habla desde dentro del conflicto, desde la anulación por el trabajo y también desde la angustia y la incertidumbre del desempleo. No es cuestión de autenticidad sino de que no existe otra posibilidad de enunciación, por más que intenten desplazarnos como imanes cánones de tradición o discursos del mercado, cuando nos siguen determinando el estómago y las manos desnudas. De ahí la honestidad y la valentía de esta propuesta. Porque no juega a los espejismos. Porque no se desliza por el autoengaño. Porque no renuncia, con su propia voz, a mirar la vida y ver cómo nos la roban.

Podéis encontrarlo aquí: