Poemario Mis pies de mono, de Miguel Martínez López


La primera vez que vi a Miguel Martínez López fue un martes cualquiera, hace ya unos años, en los Diablos Azules. Recuerdo que no es que me gustara su poesía, es que me sorprendió. Fue rápido el paso de la risa de alguno de sus poemas al frío de la angustia existencial y luego alguna de sus imágenes poéticas me remató. Joder. Le pedí su nombre y lo busqué por Internet. Descubrí que tenía un blog, Mis pies de mono, donde publicaba sus poemas. Ahí quedó la cosa porque tampoco le volví a ver, o si le vi no lo recuerdo. Y hace unos meses, en este zoco digital que es Facebook, descubrí que alguien iba a ir a la presentación del libro Mis pies de mono, de Miguel, en esa semana. No pude ir, pero sabía que ese poemario iba a ser un atlas del dolor, de la alegría, de la angustia humana.

Y no me equivocaba porque en este libro publicado por Baile del sol encuentras la agujeta enorme que supone hacerse mayor, como en el poema que inaugura el libro Cambio de asiento,

(…)
Guapos y valientes,
en el futuro atravesaremos
los campos, las ciudades,
sujetos a las crines de nuestro
caballo de acero.
(…)
Cómo imaginar
el asiento de delante
las mañanas de clínex y bostezos
la primavera gris de los semáforos.
(…)

Se puede decir que Miguel, desde la rutina y lo más opaco que te venga a la cabeza (hacer la compra, filosofar en la taza del váter, las axilas, los mosquitos del verano, el deambular mirando una manzana o al cielo) sabe desenrollar y multiplicar un paisaje rico y exacto. Digamos que pone la cantidad exacta de cocodrilo y de despertador, de risa y de muerte.

¿Y cómo no se va a admirar la poesía de un tío que escribe el poema Las palabras y las cosas?Ese poema que por supuesto quise, quiero y querré escribir porque consigue la magia de los poemas buenos y venenosos, que al leerlos crees que te han salido de dentro, que lo de fuera solo ha vuelto:

Yo no lo recuerdo
pero mi madre cargaba en brazos
cogía entre las suyas
mis dos pequeñas manos
que no eran manos todavía
que eran ruiseñores mudos y ni eso
que eran cabos sueltos
y me obligaba a tocar los objetos de la casa
uno a uno.
(…)

Y así te quedas, con cara de tonto y solo llevas treinta páginas del libro. La verdad es que es un libro currado, en el que aparece todo el mundo, incluido el currela (en el poema El extraordinario caso del hombre normal) que toma el café a tu lado cualquier mañana y que no leerá (creo) ningún libro de poesía porque no se siente identificado. (Pero en este si). También Miguel Martínez tiene la precisión o la alquimia o yo que sé de poder hacer imágenes poéticas como estas:

Llueve y es una catedral gótica/puesta boca abajo,
era tiernamente difícil/como el centro de un sudoku
Hoy el cielo limpio/como un portal recién fregado

Y ya veis, qué ojo tan normal y tan extraño tiene Miguel, qué dualidad para seguir madrugando, desayunando, comiendo y viviendo y por otro lado, todo lo demás. El libro publicado por Baile del sol vale mucho menos dinero de lo que debería así que, antes de que alguien se de cuenta y se chive y suban el precio y a Miguel Martínez López lo pongan en altares y esas cosas y le regalen bolígrafos y cuadernos por las calles, id a comprarlo. Si no os gusta, leedlo de nuevo.

Aquí os dejo mi poema favorito de este librazo, que además me recuerda a mi poema preferido de tooooodos, el de La masa de Vallejo:

El poeta impuntual

El poeta vio una
puesta de sol
dulcemente hemorrágica
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

El poeta vio
a una mujer desnuda
siniestramente blanca
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

El poeta vio
a un niño devorando una chocolatina
despiadadamente puro
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

Por más que lo intentase
siempre llegaba tarde,
Siempre tarde
y la poesía de allí
se marchaba antes.

Cansado
el poeta se miró al espejo
afiló sus lápices
muy rápido

y se sentó a escribirnos.

Elvira Daudet y su calle (la echo tanto de menos…)

En Cuenca, una mujer enciende un cigarro en su ventana mientras mira cómo en la acera se arremolina un grupo de gente. Cada vez más. Era 17 de septiembre de 2016 y Elvira Daudet se dirigía a una calle recién estrenada con su nombre para encontrarse con amigos y admiradores. Estaba llegando la poeta rubia que tiene tantas flechas en su poesía, tanta intensidad, tanta humanidad sincera y cruda.  

Y es que Elvira Daudet, la periodista que trabajó en varios periódicos (ABC, el Independiente y Pueblo), que entrevistó a Dalí durante varios días o que escribe sus poemas intensos y cercanos como puñaladas de vida, tuvo por fin su calle en su ciudad natal, Cuenca.

Este septiembre de 2016, quizá demasiado tarde, se inauguró por fin la calle. Digamos que ya era hora que su ciudad natal reconociera a una de sus habitantes más íntegras y talentosas. Pero antes que os cuente qué pasó ese día en Cuenca, os traigo del brazo a Elvira para que la conozcáis.

Elvira escribió su primera novela a los 10 años, su primer artículo a los 14 y su primer libro de poesía amorosa a los 17, y muchos años después, aquella mañana en Cuenca dijo aquí estoy. Aquí sigo estando. Al igual que aquella tarde en la que entró elegante y temblorosa en el café Gijón y dijo a unos poetas escondidos bajo el gris de la dictadura, “soy Elvira Daudet, soy poeta, y quiero publicar este libro”. Era el año 59 y Elvira Daudet entraba en la piscina de la poesía sin ningún cuidado, rompiendo la calma tan innecesaria y asfixiante de un franquismo gris ceniza.

Así estuvo toda la vida. En la vanguardia, delante, viendo qué pasaba y contándolo a los demás. La quilla, el faro y el mascarón que recibía todas las alegrías y todas las penas. De las crisis aparecieron sus poemarios. El primero El primer mensaje, después de la crisis de la pubertad. Su segundo libro, publicado en 1971, publicado cuando su matrimonio empezaba a romperse es Crónica de una tristeza. El tercero, El don desapacible, publicado en 1994, es según la propia autora el más triste de todos porque es la crisis de orfandad por la muerte de sus padres.

Elvira Daudet sigue su día a día, periodista, corresponsal entre los años de plomo italianos, recogiendo las letras del día a día como un malabarista a la vez que ella escribe en la oscuridad el dolor propio y el dolor de los demás.

El poeta tiene un sistema inmunológico muy débil y todo le hace daño.

Seis años después, la diputación de Cuenca publica su cuarto libro de poemas Terrenal y marina, en el que la enfermedad y la muerte miraron a la cara de Elvira pero no pudieron con ella y su poesía. Y ahí estaba, luchando en el olvido, cuando Jaime Alejandre y la editorial Cuadernosdelaberinto recuperó la letra mayúscula y olvidada en el cajón de muchos de Elvira para sus HazVersidadespoéticas, volviendo a poner sus poemas en papel. A partir de este momento, y apoyada en la amistad y el buen trabajo de editores, poetas y amigos, Elvira ha conseguido contactar a través de internet con multitud de personas en todo el mundo. Su poesía directa, sincera, sin “paños calientes”, ha contaminado a miles y miles de lectores.

Un año después Elvira vuelve a publicar con CuadernosdelLaberinto. En este

caso es Laberinto Carnal, en el que a través de un camino de dolor y escollos nos dibuja un sincero pasaje a la integridad y la libertad:

…Y hay mujeres sencillas, con los ojos de agua

y la carne de harina,

que aman, trabajan, paren, se deshojan

aferradas a un sueño…

Elvira Daudet estaba (y sigue estando) en racha. La gente joven se le acerca, la gente mayor quiere compartir su palabra. Todo el mundo quiere escucharla y leerla. Participar en su verdad. Poco después se publica una antología de su obra poética, desde su primer poemario de 1959 a 2012, en este caso en Alacena Roja, y su presencia en los ámbitos poéticos, tanto presenciales como digitales, crece.

Y es en este momento cuando Elvira Daudet toca la fibra de un dolor que, si bien ya había sido pulsada en otras ocasiones, en este momento retumba con una potencia continua y casi insoportable. Es 2012, y Elvira publica su libro más doloroso, Cuaderno del delirio, en el que cuenta cómo el amor esconde los abismos de la pena y la soledad de una manera brutal y exacta. Cuando leí este libro tuve que comentar cada poema. Aquí os dejo el comentario.

Después de este dolor vino la editorial Lastura a acoger y dar hogar a dos nuevas antologías de la gran poeta rubia:

Antología poética (1959-2012) y Antología poética (2012-2014).

Y después de darnos un largo paseo por la poesía y la vida de Elvira, volvemos a Cuenca, a la calle Elvira Daudet, a los lectores y amigos que fuimos a celebrar un pedazo de tierra que llevará por siempre el nombre de la poesía. 

La mujer de la ventana llamó por teléfono y seguramente le comentó a alguien cercano, incrédula, que estaba viendo cómo se inauguraba una calle, su calle. Y que para más Inri allí estaba ella, Elvira, saliendo de un coche como salen los poemas.

Así es como llegó Elvira Daudet a su homenaje, a la inauguración de su calle. Poetas y amigos nos juntamos como palos de una cabaña para acogerla, maestra y conocedora de todos los sabores.

Al igual que aquel día en que Elvira entró en aquel Café Gijón imponente, este soleado 17 de septiembre nos quedamos todos sin habla. Después de abrazos y alguna lágrima, fuimos a la RACAL (Real Academia Conquense de las Artes y las Letras) donde leímos poemas de Elvira o dedicados a ella.

Todo este homenaje fue posible gracias a sus amigos Paloma Corrales, Rafael Soler, Jaime Alejandre, Juana Vázquez, sus hijos y nietos, Enrique Gracia Trinidad, Lidia López, Paco Caro, Ana Ares, José Luis Torrego…y otros muchos que espero que si leen esto me perdonen el olvido (ya saben cómo somos los poetas). 

Todo este sarao terminó como terminan estos homenajes, comiendo y bebiendo rodeados de amigos y arropando a la homenajeada.

Pero esto no es todo…

echando de nuevo un ojo a este artículo pienso, “qué aséptico te ha quedado, tío”. Y es que no hago justicia a Elvira, a aquel día ni a su poesía. Para intentar corregir este error quiero hablar de Elvira desde más cerca.

Con Elvira no hay términos medios. O la quieres o su sinceridad te asusta. A mí, por suerte, me pasó lo primero. En el hoy en día que nos cuentan, en el del miedo, en el que solamente puede ser un “todos contra todos”, aún hay gente que acuna. Hay gente que escucha. Y Elvira es una de esas personas. Encontrar una persona así de sabia y cercana es una suerte.

El primer día que nos encontramos, después de la presentación de un libro de Neorrabioso, flipé. Nos presentó una amiga en común, Paloma Corrales, y no sabía muy bien cómo reaccionar. Admiraba como un grupie a Elvira desde que escuché su entrevista (aquí), pero no conocía a personas mayores que pudieran ser amigas mías, que pudiéramos tener temas en común y a la vez que fuera accesible. Pero con Elvira fue diferente y desde aquel día hasta hoy estamos unidos por palabras en negrita y profundas que no se pierden por el tiempo.

En su poesía se nota esta capacidad de hacer “zoom sentimental”. Se acerca donde tienes la grieta (o la alegría) y ahí se queda, compartiendo. Y para acabar quiero compartir uno de los poemas de Elvira Daudet que más me gustan:

PALABRAS PARA UN SPOT DE TVE

No me hagas daño, amor, porque me duele

que seas tú, a quien amo como nadie amó nunca,

el que me parte el alma cada día,

sin que te apiade ver como me deja

el vino que conviertes en mi sangre.

Destrozada en el suelo,

como un plato de loza hecho pedazos,

sin dignidad ni luz en la mirada;

un montón de basura abandonada.

Fría como una muerta, que aún respira

con el fin de maldecir haber nacido un día

para albergar la pena incontenible

que tu presencia amada siempre deja.  

(Del libro Laberinto carnal)

Naturaleza poética, libro colectivo

Participar en esta Naturaleza poética, bosque de letras imaginando por Miguel Ángel Vázquez / La imprenta, me ha hecho mucha ilusión. No solo por todos los grandes poetas con los que comparto ramas y hojas, sino por la savia del libro: La naturaleza.

El concepto de esta antología pone el acento en un tema olvidado por la poesía. Porque el mundo natural no solo está «para ir de puente o de vacaciones» sino que es la base de todo tipo de vida, incluso, fíjate, la humana❗️.
Y reflexionar sobre ello nos alimenta a todos 🌱🌿🌳

Aquí tienes el enlace para comprar el libro: https://asociacion-la-imprenta-estrategias-y-artefactos-cultura.sumup.link/producto/naturaleza-poetica-5

Los días del calendario se tachan con sangre, poema de Cercanías

y un poco más de belleza lisboeta para acompañar otro poema:

Me olvidará el músculo industrial del castillo,
no seré la leyenda sol y sombra de la cama ni tampoco revolución anaconda en el parque residencial de la ciudad.
No.
Nadie contará los dientes de mi felicidad y hará estatuas,
fuegos artificiales y letras.
No se acordará de mí el banquero sediento que cortó tanta cometa, pero en Chile hay una yugular que lleva
mi nombre y que no se entierra,
los pliegues de una piel buscarán el origen incienso de mis besos cuando mis labios sean serrín o acantilado y ningún tambor despertará a nadie de su siesta cuando yo me convierta en cardo o renacuajo, pero un niño verá mi calavera y pensará que es una caracola.

(De mi libro Cercanías, 2016, https://jorgegarciatorrego.com/cercanias/)

Ejercicio de astrología

Dejaré en blanco el cuaderno que nos espera, habrá páginas en blanco siempre para las manchas como arañazos en las paredes de las mudanzas,

así nuestra vida, latigazos de presente sobre el silencio de la nada, arañazos de Tirma en nuestros brazos desnudos.

tú,

boya en el centro del tiempo, flotando sobre el frío y no acabando nunca el culo de primavera que queda en el vaso,

mirando a los lados es difícil caer de tu sonrisa, como hamaca abierta en canal tú me acoges,

y yo escribo hojas en blanco con tu pasar, manos manchadas de polen,

dedos cubiertos de espuma de cerveza.

Así te escribo yo,

astrónomo que solo entiende de estelas,

del olor que deja la hoguera la mañana siguiente.

(poema que puedes encontrar en mi libro Hogar)

Segunda edición de El Despertador de Sísifo, con Lastura ediciones

Hace dos años y medio yo no sabía nada de las oposiciones en las que ahora ando metido. No me planteaba meterme (ni loco) al estudio de 50 temas, 7 de ellos de legislación. Trabajaba y ahorraba, tenía trabajos más o menos esporádicos, trabajaba de corrector y de administrativo en donde pudiera/donde me quisieran.

En esa época mi lema era «Trabajar para sobrevivir/la poesía para vivir» y me conformaba con desperdiciar 40 horas a la semana con tal de que, después de salir de trabajar, pudiera ser libre. Tapaba parte del río para mantenerme a flote, no hundirme en la incertidumbre de no tener trabajo y, a la vez, seguía habiendo corriente que me mantenía vivo.

En esa aparente estabilidad escribí este libro, El despertador de Sísifo. En el hollín del transporte público, en las marcas de sudor en las paredes de la oficina, en un presente hecho de niebla y libros de poesía en los rincones.

Hoy, mucho tiempo después, mi vida ha dado un vuelco. El río corre suelto porque trabajo cada día por conquistar un horizonte llamado Bibliotecas que me hace feliz. Trabajo en la UAM, ya no existe el óxido y el sacrificio de las 8 horas y Lastura publica la segunda edición de este libro sobre trabajo y poesía que, sin embargo, habla de amor, como todo lo que escribo.

Os dejo parte del prólogo de mi querido Alberto García Teresa:

Jorge García Torrego elude la impostura porque habla desde dentro del conflicto, desde la anulación por el trabajo y también desde la angustia y la incertidumbre del desempleo. No es cuestión de autenticidad sino de que no existe otra posibilidad de enunciación, por más que intenten desplazarnos como imanes cánones de tradición o discursos del mercado, cuando nos siguen determinando el estómago y las manos desnudas. De ahí la honestidad y la valentía de esta propuesta. Porque no juega a los espejismos. Porque no se desliza por el autoengaño. Porque no renuncia, con su propia voz, a mirar la vida y ver cómo nos la roban.

Podéis encontrarlo aquí: