Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou

Angustia, tristeza, «sentimiento de condenado a muerte». Así es el día a día del escritor argelino/francés Albert Camus en esta novela de Berta Vias Mahou que publicó la editorial Acantilado. Pero el pesar de Camus no solo llega por la reflexión por el absurdo de la vida, por la presencia constante de la muerte o por el desengaño en el ámbito político, todas en un plano mental, ideológico o sentimental. La sensación de condenado a muerte le llegó a Camus por la sensación de no pertenecer a «ningún bando» gracias a su postura crítica, porque no se escondía ante unas siglas, una élite, una nacionalidad o una religión. Y, antes de nada, nunca se escondió de criticar la violencia. Una batalla constante por la dignidad a través de la crítica y la justicia. En palabras de la madre de Albert, Catalina, en la novela:

En cualquier caso, lo que me parece bien es que te atrevas a ser crítico. Hay que saber decir que no, aunque sin olvidarse nunca de la piedad.

Y es que la piedad es necesaria para abrigar la crítica, para hacerla humana, empatizar con ella. El punto de vista de Albert no es agresivo sino que busca tender lazos entre personas. Porque él mismo es un cruce de caminos (orígenes españoles, infancia en Argelia y madurez en Francia) y no entiende que el odio se expanda por ninguna bandera exceptuando la humana.

Este libro, publicado en 2012, demuestra el humanismo de Albert (Jacques en la novela, guiño a su obra El primer hombre) gracias al conocimiento que tiene Vias Mahou de su vida y de su obra, lo que le permite jugar con el lector, poniendo referencias (como la ya mencionada de Jacques, o el loro Calígula, con el mismo nombre de una de sus adaptaciones de teatro) y alejándose de lo que debería ser una narración lógica de estos últimos días para evocar un recuerdo de infancia o digresiones sobre Argelia y Francia o el elitismo de la intelectualidad parisina. Toda esta información sostiene y enriquece el texto, pinta de color a Camus, lo pone en relieve y en pie.

Podemos ver esta multiplicidad de referencias en los propios títulos de los capítulos:

Una memoria en sombras
El bacilo de la peste
Un vínculo misterioroso
Los hijos de Caín
Oscuras querellas
Los guardianes del honor
Eran y son más grandes que yo
En nombre de la historia
Un recuerdo impalpable
El peligro del que nadie hablaba
Una amenaza invisible
Venían a buscarlo a él

Creo que este libro es el libro que ha escrito una gran admiradora de Albert Camus. Una persona que no acepta que esté muerto, que no acepta que muriera como murió, a manos de quien fuera o por azar. No, no lo acepta y este libro es una venganza, pero no ante ningún grupo, sino ante la propia muerte, ante todo el Camus que faltaba por vivir, ¡su persona!, más allá de sus obras.

Como otras grandes creadores/pensadores que murieron jóvenes, no podemos conformarnos con que la muerte se los haya llevado. Por eso escribimos sobre Lorca. Por eso escribimos sobre Lennon. Por eso escribimos sobre Camus. Por eso los mantenemos vivos y por eso le doy las gracias, profundamente, a Berta Vias Mahou, por traernos a Camus a la vida durante 200 páginas.

Pensar y pensar, escribir y escribir: Sobre el curso Pensar el poema, de Azahara Alonso


Hace un par de semanas comenté con un amigo lo importante que es tener una buena rutina semanal. Que el lunes sea piadoso, que el martes no te machaque demasiado: que Sísifo no solo arrastre la piedra sino que también pueda tumbarse a la bartola un rato. Sin culpa. Sin prisa. Que pueda usar la cabeza para pensar además de para decir sí. Que pueda usar los músculos para meter canastas, por ejemplo, además de para arrastrar el cuerpo por la jornada laboral, de la cama al escritorio, del escritorio a la cama.

Afortunadamente, el año pasado descubrí los cursos del Centro de poesía José Hierro. Hace tiempo que el impulso poético no sale tan potente como hace años y por eso pensé en inscribirme en algún curso de poesía para poder mantenerme en forma con las palabras, para recibir nuevos aires, escuchar voces de compañeros que estuvieran en búsqueda, compartir esa pasión, aprender con los demás, descubrir a nuevos poetas.

El curso se llamaba Pensar el poema, estaba dirigido por Azahara Alonso, y duró todo el curso académico, de octubre a junio. El curso consistía en unas lecciones de poesía y filosofía sobre diferentes conceptos que dan que pensar y dan que escribir (el trabajo, el tiempo, la muerte, etc.) . Porque precisamente en eso consistía el curso, recibir contenido teórico y práctico para que luego, después de darle vueltas y vueltas a la pecera de las ideas y de la escritura, pudieramos pesar algún poema abisal para compartirlo en clase. Sorprendidos, temerosos e ilusionados por nuestro descubrimiento, porque en la mayoría de los casos (así lo veo yo), existe cierta inconsciencia en esta escritura poético/filosófica.

En este curso, además de unos compañeros talentosos y humildes, estaba la profesora, que supo cómo nutrirnos con las lecciones para que nos sintiéramos motivados para hacer poemas diferentes a los que solemos hacer, para poder salirnos de la escritura cómoda en la que los años de escritura nos han ido hundiendo. De hecho, en junio de 2022 terminé un poemario muy influido por los temas que tratamos en clase y que saldrá en algún momento a la luz (espero).

Este año 2022 he vuelto a apuntarme al curso porque, como decía al principio de este texto, es muy importante moldear la semana a nuestro antojo antes de que seamos moldeados por ella. Este año, mantener hábitos saludables para nuestro cerebro como escribir poesía o sumergirse en las teorías de Kant, Nietzsche o Bachelard, nos mantendrán en forma para que la suciedad de este mundo no nos lleve por delante. O al menos que tengamos una barricada de palabras para hacerla frente.

Poemario Mis pies de mono, de Miguel Martínez López


La primera vez que vi a Miguel Martínez López fue un martes cualquiera, hace ya unos años, en los Diablos Azules. Recuerdo que no es que me gustara su poesía, es que me sorprendió. Fue rápido el paso de la risa de alguno de sus poemas al frío de la angustia existencial y luego alguna de sus imágenes poéticas me remató. Joder. Le pedí su nombre y lo busqué por Internet. Descubrí que tenía un blog, Mis pies de mono, donde publicaba sus poemas. Ahí quedó la cosa porque tampoco le volví a ver, o si le vi no lo recuerdo. Y hace unos meses, en este zoco digital que es Facebook, descubrí que alguien iba a ir a la presentación del libro Mis pies de mono, de Miguel, en esa semana. No pude ir, pero sabía que ese poemario iba a ser un atlas del dolor, de la alegría, de la angustia humana.

Y no me equivocaba porque en este libro publicado por Baile del sol encuentras la agujeta enorme que supone hacerse mayor, como en el poema que inaugura el libro Cambio de asiento,

(…)
Guapos y valientes,
en el futuro atravesaremos
los campos, las ciudades,
sujetos a las crines de nuestro
caballo de acero.
(…)
Cómo imaginar
el asiento de delante
las mañanas de clínex y bostezos
la primavera gris de los semáforos.
(…)

Se puede decir que Miguel, desde la rutina y lo más opaco que te venga a la cabeza (hacer la compra, filosofar en la taza del váter, las axilas, los mosquitos del verano, el deambular mirando una manzana o al cielo) sabe desenrollar y multiplicar un paisaje rico y exacto. Digamos que pone la cantidad exacta de cocodrilo y de despertador, de risa y de muerte.

¿Y cómo no se va a admirar la poesía de un tío que escribe el poema Las palabras y las cosas?Ese poema que por supuesto quise, quiero y querré escribir porque consigue la magia de los poemas buenos y venenosos, que al leerlos crees que te han salido de dentro, que lo de fuera solo ha vuelto:

Yo no lo recuerdo
pero mi madre cargaba en brazos
cogía entre las suyas
mis dos pequeñas manos
que no eran manos todavía
que eran ruiseñores mudos y ni eso
que eran cabos sueltos
y me obligaba a tocar los objetos de la casa
uno a uno.
(…)

Y así te quedas, con cara de tonto y solo llevas treinta páginas del libro. La verdad es que es un libro currado, en el que aparece todo el mundo, incluido el currela (en el poema El extraordinario caso del hombre normal) que toma el café a tu lado cualquier mañana y que no leerá (creo) ningún libro de poesía porque no se siente identificado. (Pero en este si). También Miguel Martínez tiene la precisión o la alquimia o yo que sé de poder hacer imágenes poéticas como estas:

Llueve y es una catedral gótica/puesta boca abajo,
era tiernamente difícil/como el centro de un sudoku
Hoy el cielo limpio/como un portal recién fregado

Y ya veis, qué ojo tan normal y tan extraño tiene Miguel, qué dualidad para seguir madrugando, desayunando, comiendo y viviendo y por otro lado, todo lo demás. El libro publicado por Baile del sol vale mucho menos dinero de lo que debería así que, antes de que alguien se de cuenta y se chive y suban el precio y a Miguel Martínez López lo pongan en altares y esas cosas y le regalen bolígrafos y cuadernos por las calles, id a comprarlo. Si no os gusta, leedlo de nuevo.

Aquí os dejo mi poema favorito de este librazo, que además me recuerda a mi poema preferido de tooooodos, el de La masa de Vallejo:

El poeta impuntual

El poeta vio una
puesta de sol
dulcemente hemorrágica
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

El poeta vio
a una mujer desnuda
siniestramente blanca
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

El poeta vio
a un niño devorando una chocolatina
despiadadamente puro
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

Por más que lo intentase
siempre llegaba tarde,
Siempre tarde
y la poesía de allí
se marchaba antes.

Cansado
el poeta se miró al espejo
afiló sus lápices
muy rápido

y se sentó a escribirnos.

Reseña de «El mundo feliz: una apología de la vida falsa», en Killed by trend

Nacido en el año 86, me he comido, como vosotros, unas cuantas distopías, tanto en papel como en imágenes, sobre la lucha de la humanidad frente al poder. Ya sabéis, MatrixUn mundo feliz1984…, relatos en los que un humano, EL HUMANO, a modo de iluminado de La Caverna de Platón, sale de la cueva, de la opresión, para descubrir la verdad y dar la turra a todos los que siguen ahí metidos viendo Telecinco en su pantalla plana o haciendo scroll hasta el inframundo en su Instagram.

Además, a esta lucha por la verdad y contra el poder, se ha unido en las últimas décadas la tecnología, los robots, en definitiva, la técnica al servicio del mal. Y esta capacidad que tenemos los humanos de producir máquinas –que es consustancial al ser humano ya que somos una especie «que crea cosas» y a través de esa creación evolucionamos y pudimos crear civilizaciones–, tiene el lado oscuro del no poder controlar ni entender en última instancia nuestra creación. Como doctores Frankestein perseguidos por su avidez de conocimiento. Y ese miedo, esa pulsión hacia lo desconocido, también guio a los mecanoclastas y luditas del siglo XIX, con su Capitán Swing a la cabeza, a romper los telares que les quitaban el pan de la boca. Lo decía bien clarito Samuel Butler en Destruyamos las máquinas:

«Llegará el día en el que las máquinas tomarán el mando efectivo sobre el mundo y sus habitantes. Mi opinión es que debemos proclamarle de inmediato la guerra a muerte. Toda máquina de cualquier tipo debe ser destruida por aquellos que deseen el bienestar de su especie».

(…)

Sigue leyendo pinchando en la imagen:

Poesía viva: la visita de Zurita


Podría decir que ayer, día 29 de septiembre de 2022, fue uno de los días más felices de mi vida. De esta manera mi crónica sería más redonda, brillante y poderosa. Pero faltaría un leve detalle, y es que sería falso: ayer no fue uno de los días más felices de mi vida. No.

Ayer estuve en Casa América en la presentación de la reedición de Anteparaíso, el poemario que Zurita escribió, sufrió y publicaron hace 80 años y que ha sido recogido y reeditado por Lumen. El caso es que ahí fui, solo, como me suele pasar en estos actos, aunque me encontré en el público con el poeta y profesor Gonzalo Escarpa y acompañaba a Zurita en la presentación mi amiga y poeta Sonia Betancort.

Zurita, con sus poemas poderosos:

Queridos poderosos, queridos humildes

Cuando todo se acabe quedarán tal vez
estas algas
sobrevivirán a las marejadas, a los siglos
y a los sueños
Como perdurarán a los poderosos, a los
tercos de corazón
y a los hombres que nos humillan
estos poemas de amor a todas las cosas

La vida nueva, 1994

o por ejemplo:

In memoriam: ahogados
La pizarra acaba de ser borrada en
el ático y el viento desvela la luz de
las estrellas. Alguien lo encontrará,
alguien lo sabrá.

Y si en algún lugar de este planeta
enorme se descubre la verdad,
una franja de ella, secada, glaseada
por el sol, quedará colgando de tu
propia infamia.

Y nadie se verá beneficiado por ello.

-El poeta John Ashbery te
habla suspendido sobre
las cumbres de los Andes

Cree en tu dolor.

W.H.A.

Entonces se vieron los ahogados flotar sobre Chile

Arriba de las cumbres de los Andes suspendidos
dejando caer sus brazos sobre el horizonte

Apozándose igual que gigantescas lagunas en el cielo
de las llorosas montañas ondeantes girando con las
grandes nevadas hacia el oeste

Hacia el cielo del Pacífico que se abría blanqueándose
mientras la cordillera y el océano iban ascendiendo y
éramos nosotros el sueño que se apozaba sobre los
nevados Es que los vimos ahogarse de llanto nos
gritan en los sueños los ahogados apozándose encima
de las montañas como exiliadas islas mirándonos

es un tótem, un zahorí que encuentra metáforas y maneras de encajar palabras, pero si tengo que mencionar solo una cosa de Zurita (¿y por qué solo una cosa, quién da esa orden?) menciono su entrega, su paso adelante después de la frustración, su lucha, su «poner el pecho», que se dice por allá. Contra la dictadura, contra la muerte, contra el odio, poniendo su cuerpo, su presente y su belleza en juego para exponer la miseria del mal, como se puede ver en la nota al final de Anteparaíso:

Pues eso, que lo admiro, que ayer no fue el mejor día de mi vida porque conocí a, seguramente, uno de los poetas en lengua española más reconocidos (por premios y por popularidad) en la actualidad. El caso es que sí, a ver, había leído a Zurita y me habían emocionado algunos de sus poemas y verlo en persona me hizo ilusión. Entiendo el significado subversivo, la potencia y la humanidad que hay en sus actos performativos/poéticos, su lucha por la justicia y él como ser humano es embriagador, pero me niego a ser su fan, me siento compañero. Su humilde compañero, que ha encontrado muchos menos caminos que él, pero me reconozco en la misma búsqueda. Porque toca, busca, lo que yo quiero tocar y buscar. No se echa para atrás cuando yo sí que me he echado para atrás. Me fijo en él, en cómo pone el foco en un pedazo del mundo, real o fantástico, y lo expone hasta que queda pulido, a través de sus palabras o a través de su persona y así habla del todo, del amor, de la muerte o los asesinados. Que la vida te sonría, que no sufras más, querido Raúl, que las páginas y las lecturas te reconforten, te sanen y sean fértiles para futuros poemas. Que la sangre de la poesía chilena no solo hierva sino que cure, que sane.

Tuve la suerte de darle la mano, y darle las gracias, y escucharle hablar con Sonia Betancort y Javier Rodríguez Marcos de la creación, de lo sagrado, de la naturaleza. De cómo se atrapa o se dilucida una gota en una nube de misterio. Crearon un amoroso y sincero diálogo entre poetas entre unas rígidas medidas protocolarias que nos hicieron empezar el acto a las 19:00 (oh, ¿esto es poesía o qué es?) y nos hicieron terminar el acto sin que el público pudiera preguntarle nada a Zurita ni que este pudiera responder nada. Mal, porque todos lo estábamos deseando. Porque ayer hubo comunión entre poetas, comunión entre chilenos y comunión entre humanos. Gracias a Javier y a Sonia por la ternura y la cercanía con Raúl. A veces pasan estas cosas cuando se juntan poetas y poesía, otras hay rencores y envidias o cosas peores, pero ayer se pudieron ver otro mundo posible, un mundo de alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.



Cercanías, 2016

Cercanías es mi segundo libro publicado, fue en 2016, con la editorial Baile del sol y con una pierna aquí, otra en Canarias y otra en la lupa, para que no se me escapara nada.

Este libro es un libro de amor, principalmente, porque su columna vertebral es lo ínfimo, ya sea mano amada, lucha compartida con el vecino o escalofrío desde el hueso hacia el vello.

Sigo alucinando con el prólogo que escribió mi admirada Vanessa Neorrabioso, que nunca he sabido muy bien cómo agradecer. Por lo demás, compartir editorial con gente tan enorme como Gsús Bonilla, Ana Pérez Cañamares, Roque Dalton o John Williams me hace sentir diminuto. Sigo dando las gracias, siendo consciente de que cada paso del camino no es un paso olvidado sino que nos acompañará toda la vida.

Roberto Calasso, Cómo ordenar una biblioteca

Desde hace años tengo la costumbre de escuchar, mientras me afeito, lavo los platos o alguna que otra tarea mecánica que no necesita que preste mucha atención cerebral, programas sobre literatura. Hace ya unos meses que subí el programa de Sebastián Porrini y Diego Ortega, La última página, al pedestal de mis preferidos. Y en este programa, junto a otros grandes de la literatura, descubrí a Roberto Calasso:

Todo está ardiendo, a punto de saltar por los aires y algunos nos refugiamos en la sombra a leer libros como este y escuchar a otros apasionados por la cuestión humana que normalmente llamamos literatura. Y, como la cuchara, objeto que se inventó un día y ya fue eterno para siempre, hay que rendirle pleitesía al libro porque es humanísimo (¿me aceptas el término?), único y necesario. Porque ambos objetos sirven para sobrevivir, cada uno alimentando su parcela.

En este libro, o, más bien, conjunto de conferencias y textos unidos, Calasso nos muestra

1. Que tiene una cultura brutal y ágil que salta de aquí a allá, del escondrijo insospechado más curioso de la historia a la actualidad vibrante de la actualidad y sus consecuencias. Y lo hace sin que se note el salto de un lugar a otro.

2. Que le encanta vivir. Porque los libros que aparecen nombrados no han llegado a conocimiento de Calasso de una manera fría o desprendida, sino que esos encuentros son una consecuencia de amar la cultura, la humanidad y, al final, los libros son, como dije antes, objetos humanísimos.

3. Frikadas de bibliotecas griegas, la London Library o la de Aby Warburg. Yo, lo siento, pero a mí estas curiosidades sobre bibliotecas, acostumbrado a estudiar leyes y normativas para aprobar unas oposiciones, pues me dan la vida. Para seguir estudiando oposiciones (Oh!).

El libro se desglosa con la siguiente estructura:

Cómo ordenar una biblioteca
Los años de las revistas
Nacimiento de la reseña
Cómo ordenar una librería

y en ella Roberto Calasso nos muestra, de manera cercana y amena, y con una prosa ágil y divertida, la naturaleza del libro y de los seres (bibliotecarios, lectores, escritores, libreros) que lo rodean y lo cuidan. Mención especial, una vez más, a Anagrama por hacer una colección tan bien cuidada, sobria, manejable y a buen precio. Además, en el caso concreto de este libro, y pese a que no leí «Los años de las revistas», me parece que el éxito del libro como conjunto le debe mucha culpa al editor, italiano, Adelphi Edizioni.

¡Sigamos profundizando en nuestra rareza, sigamos leyendo lo que Calasso y otros bibliófagos nos traen a nuestros platos!

Los mapas y tú



Somos la entraña de los mapas,
el látigo eléctrico y repetido que se ve desde los aviones,
apenas un banco de estímulos chocando contra las paredes de lo posible.

Somos las tripas de los mapas que horadan la presencia,
las fibras de celulosa que consultan su minúscula sombra en los estanques y sienten un chasquido en el pecho,
la debilidad afilada sobre los acantilados eternos de la muerte.

Somos el sótano de los mapas pero también el pequeño motor que los cambia y los contamina de acero, polvo y huesos.

Ojo y ventana (2014/2020)

(2020)

(📸de Frank Horvat)

Ojo y ventana, el primer libro, los primeros pasos, las primeras luces. La luz que rebota en los ojos, en las pieles, en las calles. Poemas, búsquedas, hallazgos. Lo miro hoy, con cierto miedo, vuelvo a aquel que fui en 2014 y antes y siento vergüenza, miedo, pero también agradecimiento por haberme atrevido a escribir poemas y que otro yo, alguien insospechado y desconocido, fuera posible. Gracias siempre a Inés, a Roberto, a Elvira Amor, a Ignacio Armada y a tantos escritores y seres que se emocionan y motivan y que sin ellos este libro no sería posible.

Fotografía
La que tiene los ojos llenos de medusas
la que de su piel tres litros de leche
de azúcar,
la que enciende las luces
la que entró en mí,
con los ojos por delante y ya no hay puerta de salida
ni ceniza ni moscas en la fruta.

La que está aquí,
creciendo circular como una selva,
el animal que no se acaba
que no se rinde
y su pelo lleno de escondites.

Y estaba yo, en aquellos años, aprendiendo francés, leyendo lo de aquí, lo de allá y lo de acullá y llegué al bueno de Arthur Cravan. Aquel boxeador poeta que cautivó y enamoró a Mina Loy, la gran artista modernista. Pues resulta que, además de ser poético, el tipo escribió un texto en prosa que, de alguna manera, se podía interpretar como una biografía poética. Yo, como el niño que apunta 🌚con su cohete de juguete a la luna, intenté hacer algo parecido (la creación hunde sus raíces en la admiración, creo 🌱)

Ahí va:

Tengo veintisiete grietas en la casa de mi niñez-Mis poemas son tijeras, a veces están llenos y otras tienen hambre-De pequeño quise ser ardilla, pero ser ardilla no da trabajo-Yo tengo una pierna llamada Miraflores y un brazo olivo de Torrelaguna-De niño era neandertal y feliz-Prefiero el desobecedario al abecedario-Aprieto los dientes para que no se me escape la vida-Sin amigos me siento un pez en la niebla-No conozco a ninguno de mis huesos, son muy tímidos-Mis padres son la A y la Z de mi cuerpo- Leer estos poemas solo en caso de incendio-Mi disfraz preferido es el de Himalaya-He tenido más vidas que un ministro pero menos que un dromedario-Vivo en verano lo que escribiré en invierno-Mis mejores poemas no están aquí, los tiene ella guardados por su cuerpo-Si me miran por rayos X encontrarán una canica-Cuando escribo me fijo en las ventanas, que son las primas de pueblo de los espejos-A mí me llegan los poemas como fuegos artificiales. Un día me muero del susto- Este libro no necesita WIFI-Me siento paralítico cuando no recuerdo una palabra-Estudié periodismo, pero debería haber estudiado para ventrílocuo, mi trabajo actual-Nací OVNI pero me puse este disfraz para no asustar a mi familia-Mis ríos se están secando, se alejan las nubes juveniles-Este libro no tiene nada que ver con el cerebro-Cada vez soy más rico y la gente más transparente-Mis recuerdos son peces cada vez más borrosos-Solo soy el dibujo del puzle-Tengo corresponsales en cada ojo-Quiero ser verbo-Soy más de servir que de obedecer-Yo quiero ser nosotros-No sé nada, lo siento.

Y lo social, lo colectivo, el vivir no solo en nuestra piel sino en la piel común. El 15M era un sueño aún sin rasgar y creímos, creamos y fuimos personas esperanzadas. También en la poesía. Por eso, poemas así, inflados de ingenuidad pero también de humanidad y sinceridad, brotaban en aquella época. Aunque ahora me den cierta vergüenza…por no ser aquello que soñé, hace tiempo, en un libro llamado Ojo y ventana.

Sobre convertirnos en ventanas

Ya no nos caben días enfermos en la tripa y se nos agolpan niños frente a los ojos, pidiendo más, que pase la película de muertos que nos atornilla los pies al calendario, va siendo hora de mudar la piel y germinar las carreteras.

En nuestro paraíso de silencio útil y lengua automática, el impulso estaba mal visto por las señoras totémicas del orden, por eso tuvimos que hacer nudo a nuestra carrera roja de jóvenes potros sin montura de otoño, ni correa.

Nos dijeron que no era fácil, que ellos lo intentaron, pero todo fueron cerraduras, que también la piel llena de manantiales, pero todo fueron ladrillos cortando el camino.

Yo sé que una tele nos basta, que con un albornoz se viven cincuenta inviernos, y una porción de amor es suficiente para no acercarse nunca al filo del colmillo, pero también sé que ninguna tele nos salvará del ruido de rinocerontes que pesa en la espalda, ningún albornoz quitará el frío de nuestra piel egoísta de iguana y yo sé que ningún amor por partes, por piezas, sin piel abierta, nos hará vivir con la ventana en la punta de la lengua esperando lo posible como si fuera pan para tripa vacía.

(2014)

Para Ojo y ventana tuve la suerte de que la cubierta la hiciera una gran artista y amiga llamada Elvira Amor Melones. Este libro, sin su capacidad de mirar distinto, no sería el mismo. Mil gracias por ayudarme a abrir nuevos horizontes conmigo 😘☀

Posibilidad

Si tuviera un corazón bisonte
dónde meterlo aquí no me cabe
no se rompe contra los campos
no sangra de indio ni de primavera
¡se me muere de triste
de ceniza!
Si tuviera un corazón bisonte
robaría todos los besos relámpago
el vino cordillera de vuestra noche
me quitaría los brazos, las piernas, para dejarle espacio,
dejarle que corra,
que embista mi piel y mis fronteras
que se moje de lluvia y de amarillo
y descanse en mi cuerpo
a sus anchas.
Si tuviera un corazón bisonte…

Ella

Acariciaba el café con la cuchara
llenándolo de círculos,
de caminos,
y yo quería ser café
que marcara en mi piel
todas las idas y venidas
que le diera la gana.
Había días en que se acercaba a mí,
bajaba las escaleras de mi cuerpo
soltando ríos de labios
y encendiendo todas las luces.
Estuvo cerca pero nunca fue mía,
nunca para siempre.
Después de quemarse volvía a su frontera de miércoles
a su piel de ventanas cerradas,
a su piel
siberiana esquiva,
y me dejaba allí tirado
con los cerezos desplegados
y los pies desnudos.

y por llevar la contraria, el prólogo, de Ignacio Armada, al final:

El libro se llamaba Almas ardiendo, y lo había traducido y prologado Gregorio Marañón. Fue el primer poemario que vi en mi vida, siendo diminuto yo y enorme él, flotando ambos en la inmensidad del hogar familiar. Con el tiempo, las proporciones se invirtieron, y entonces descubrí que su autor se llamaba Leon Degrelle, y que era más conocido como fundador del partido rexista belga, un hombre que repetía orgulloso que una vez Hitler dijo que, si hubiese tenido un hijo, le hubiese gustado que se pareciese a Degrelle.

La poesía de Degrelle no llegaba muy lejos, pero resulta una macabra ironía que titulase su poemario así después de haber vestido el uniforme de las Waffen-SS. Y ahora, cuando uno piensa ya que él último libro de poemas leído va ser el postrero, cuando podemos pensar que la Poesía es hoy sólo ceniza de almas ardiendo, aparece Jorge García Torrego, que sólo sabe vestir el uniforme de poeta, y trae unas páginas en las que el fuego de la realidad consume voraz el espacio para que las palabras se arrastren y tiendan en la página.

¿Qué sabemos de Jorge García Torrego? Sabemos que, como todos somos, él es una sombra. Una sombra que se proyecta sobre las palabras. Una sombra que escribe desde la penumbra de lo cotidiano, que es siempre luz que se filtra por una persiana para calentar y no quemar. Escribe sabiendo que el poema amplía perfiles y los desdibuja, como ocurre con el mundo bajo la zona de negrura. Como en los viejos folletines radiofónicos, con la voz de Orson Welles resonando en las tardes oscuras, escuchamos en alguna parte que “la Sombra sabe”. “¿Quién conoce la maldad que acecha en el corazón de los hombres? Después del anochecer, cuando la ciudad se llena de sombras, los gángsters entran en acción. La Sombra, maestro en el arte de descubrir crímenes, pone todo su ingenio en la lucha contra los caudillos de los bajos fondos ¡La Sombra sabe…!”.

Y Jorge, como la Sombra, nos cuenta una parte de lo que ha averiguado contemplando la noche y el bajo fondo de la realidad. Nos lo cuenta en algo que podemos llamar versos, o de cualquier otra forma, pues es más una cuestión de ética que de métrica.

Nosotros también sabemos algo. Sabemos que Jorge ha vivido cerca de una cárcel y aún más cerca del aire y de las sierras. Sabemos que su madre sabe hacer el gazpacho con plenitud solar, y que su abuelo Antonio lee ahora a Lorca, descubriendo la poesía con la pasión con la que dicen que un antiguo romano empezó a aprender griego con ochenta años, puesto que uno nunca sabe en qué momento esto acaba, y qué puede ser útil en el Otro Lado. Hay que estar preparados. Y además, la Poesía, al contrario que el resto de nuestros aprendizajes, nos sirve siempre para el ahora, sin importar el mañana. Tal y como escribe Jorge García Torrego.

Sabemos todo esto porque en una lejana, lejana galaxia, hace mucho, mucho tiempo, Jorge y yo ocupamos el mismo aula durante unos meses, en ese juego en el que todos pierden llamado universidad. Allí entreteníamos el tiempo hablando y examinando sobre Periodismo, Cultura y otras falacias vitales. Examinamos nuestras complicidades. Hablamos sobre creadores y auras frías. Debatimos una vez y otra sobre las posibilidades de la obra de arte y su originalidad en el tiempo en el que existen copias perfectas y multiplicables al infinito.

Pero resulta que la Poesía es hoy el único espacio en el que la obra literaria reelabora su aura, quizá porque cada vez se compra menos, y por eso, se imprime menos. Si Jorge copiase sus poemas varias veces -no a modo de castigo, que quede claro-, seguirían sus palabras, de urbanita maldito, conservando su aura de resplandor en la nieve. Este poeta, con aspecto de noble matutero transalpino, con mirada de viaje interior y verbo nerudiano sólo hasta lo justo, ha comprendido como pocos el verdadero proceso histórico de la Poética: de lo sacro a lo narrativo, de lo narrativo a lo metafórico, y ahora, o bien volvemos a narrar, o sólo contaremos anécdotas versificadas que cabrán en una pantalla de teléfono móvil. Por eso este poemario narra experiencias, sin apartarse de la capacidad de la lírica para trastocar los emblemas de cada elemento de la realidad. Como en el T.S. Eliot de los Cuatro cuartetos, en esta obra de título surreal pero pulso eterno, Ojo y ventana, se recrea el verso eliotiano: “Vieja piedra para edificio nuevo, vieja madera para hogueras nuevas / viejas hogueras para cenizas, y cenizas para la tierra, que ya es carne”.

Y es que al final, la Poesía siempre sabe manotear en la superficie del naufragio, y encontrar maderos nuevos a los que aferrarse, como este libro. Maderos nuevos para elevar milenarios fuegos hasta las Alturas. Paul Dirac, uno de los casos más radicales de autismo genial en la Historia de la Ciencia, mantenía que en Física se intenta decir a la gente las cosas de una manera tal que comprendan algo que nadie antes sabía. Y que, en el caso de la Poesía, la finalidad es exactamente la opuesta. No obstante, su principal descubrimiento en el mundo cuántico se representaba como el Mar de Dirac, un océano infinitesimal de partículas en el que los positrones creaban huecos. Un mundo de rara poesía. Y difícilmente comprensible.

Tal vez todo sea más sencillo. Al vate galés Dylan Thomas, en el transcurso de una encuesta, le hicieron una pregunta aparentemente compleja: qué era para él la Poesía. Thomas mantenía que había empezado a escribir porque se había enamorado de las palabras antes de saber lo que significaban, que amaba aquellas formulaciones del lenguaje cuando las escuchaba por primera vez; sonidos melodiosos que reproducía y formaban entonces parte de él. Y respondió: “Yo sólo leo poesía por placer. Leo sólo los poemas que me gustan. Cuando los encuentro, entonces lo único que puedo decir es «Los hallé» y leerlos por placer. Lea los poemas que le gusten. No le preocupe que sean «importantes» o perdurables. Después de todo, ¿qué importa lo que la poesía es? Lo que importa es el movimiento eterno que está detrás de ella, la vasta corriente subterránea de dolor, locura, pretensión, exaltación o ignorancia”.

En fin, creo que este libro, estos versos que se avecinan, son poesía, y creo que T.S. Eliot, César Vallejo, Oliverio Girondo y Dylan Thomas estarían de acuerdo. Y muy probablemente Leon Degrelle no. Y Marañón querría diagnosticar a Jorge. Y Paul Dirac nadar con él en un mar de partículas. Nosotros nos conformaremos con leer lo que escribe, porque en Jorge García Torrego se está manifestando de alguna forma una coherencia del ser y del estar, del escribir y del sentir. Un aura ardiente. Y podemos calentarnos las manos y el alma arrimados a sus versos.

Ignacio Armada Manrique

Una pequeña reflexión sobre el libro Hermana muerte, de Thomas Wolfe (prereseña)

Estoy leyendo el libro Hermana muerte, de Thomas Wolfe, y publicado por Periférica (muy bien editado, por cierto, como siempre) y he caído en reflexionar sobre una visión que me ha llamado la atención. El libro –que aún no he terminado– muestra al individuo, frágil, mortal y momentáneo frente al monstruo de la ciudad, ese gigante ciego y poderoso que aplasta a las células sensibles que lo habitan sin piedad.
Hermana muerte está publicado originalmente en 1968, en su versión en inglés y en España en 2014 mucho más tarde. El caso es que hay una apreciación, una descripción, que me ha llamado la atención.
Yo nací en el año 1986 y llevo toda la vida leyendo novelas de ciencia ficción y/o políticas que buscan la redención del individuo frente al gigante sociedad, frente al gigante trabajo o al gigante Estado. esta dualidad que he podido ver en obras como Un mundo feliz, Momo, 1984 o V de Vendetta hablan de una persona, un individuo singularísimo y único, que consigue con su rebeldía emancipar al todos. La base de la distopía, su tensión argumental, afilada como un arco.

Y en el libro que me ha traído aquí, delante del ordenador en esta tarde de infierno de junio de 2022, cuando podría estar tomando un helado o bañándome en un río es expresar mi curiosidad, que llega a malestar, incluso, por saber qué opinaban aquellos que no se rebelaban, que seguían el camino marcado, que no destacaban. Porque ser héroe es muy cansado, hay cierto malditismo en aquel que no puede quedarse callado y no deja ninguna injusticia por denunciar. Porque los héroes son una centella, no tienen ni tendrán nunca rutina, pero, por eso, más allá de los héroes, ¿qué pensaban aquellos que no se rebelaban?, ¿Se pueden sus pensamientos, sus sensaciones, en las novelas o contenidos culturales de los años 50, paradigma del cartonpiedrismo social? Creo que no.

Creo que, al menos en mi caso, que ya tengo 35 años, que ya he probado a llevar la antorcha del heroísmo de la verdad, con su fatiga y su fuego, y que ahora ya no. Que ya no me movilizo, que hace meses que dejo de pagar la cuota del sindicato, que ya no. Que, como me dijo un amigo hace poco, «has pasado de pagar la cuota de la CNT a pagar la suscripción a Netflix». Por eso me gustaría saber qué pensaban aquellos que se acomodaban, que no querían líos, que miraban a otro lado. Cómo se justificaban sus vidas, cómo no temían la muerte y azar perverso. Cómo dejaron de querer ser héroes, en qué lugar, cómo y cuándo decidieron rendirse. Y por qué me parezco tanto a ellos.

–¿Y qué pasa, que no vas a contar nada más del libro?
–¿Te parece poco lo que acabo de contar? De todos modos, llevo 30 páginas… cuando lo acabe podré contaros…o no.

UN VERANO, UN AQUÍ (Agosto 2021)

El sol y la chicharra del ahora,
Imperios nómadas de quita y pon.
Territorio: mundo sin cartabón,
fértil esta paz de calma cantora.

Todo aquello,tiempo que no perdí
(refugios, kilómetros y canciones),/
de aquel disfrute de vacaciones,
de islotes, birra y playas junto a ti.

Restos de felicidad en un cuenco,
juntar salivas y caminos de sal,
ser presentes; huir de lo cruento.

Quedarán las fotos ciegas en el mar/
puñado de lo que vibró un tiempo,/
eco de dos que cosieron un cantar.

(Soneto inédito y a vuelapluma, como un armar la tienda en mitad de la hoja en blanco ⛺️📒)

Pajarito, de Claudia Ulloa Donoso

Pepitas de calabaza tiene la virtud de hacer libros bonitos. Digo virtud, pero también digo que el contenido puede estallarte en tu cara de lunes yendo al trabajo y dejar tu semana manchada de incertidumbre y hambre lectora. 

Y encaja perfectamente en su catálogo explosivo el libro de relatos Pajarito, donde Claudia Ulloa, poeta peruana afincada en Noruega, nos despliega una serie de trampas para osos bajo manteles de seda que nos hará enamorarnos de su propuesta. 

Sí, así es. Hace años, cuando las propuestas literarias eran monocordes y totémicas, donde los personajes eran hegelianos y con horizonte (solo uno, para no despistarse) entre ceja y ceja, un libro de relatos como el de la autora sudamericana habría sido visto como un fallo de la naturaleza o una herejía. Pero es que Pajarito se monta en la literatura y se deja obedecer por ella, por su rizoma que no deja de brotar y brotar, porque la escritura, como la vida, o más allá, como el pensamiento, es una sucesión de capas a veces contradictorias y a veces fantásticas, pero todas nutritivas. 

Claudia empieza un relato y, a pesar de no parar de construir nuevas habitaciones narrativas, mantiene la tensión del río principal, de la calle mayor del cuento. Pero más que despistar al lector con escaparates atractivos, esta diversificación rizomática nutre al relato esencial, llenan esa calle mayor de gente acogiendo los afluentes secundarios. 

Sus relatos son una bolsa en la que cabe todo, como en el relato titulado «ahogado», en el que la narradora usa sus pensamientos, sus recuerdos, sus situaciones en el trabajo para armar el texto y esa mezcla, que en otros escritores podría resultar confusa, resulta clarividente y natural. Porque, amigos, como decía antes, ya no vivimos en un mundo simple, vivimos en el mundo del multitasking, que dicen los modernos, en que nunca estamos haciendo solo una cosa, sino malabares con varias y pensando en cómo nos apañaremos con las que nos vendrán encima. 

Claudia Ulloa nos despliega en esta colección un mundo cercano, de amiga que se confiesa, con algo de vergüenza, y en el que el relato se alimenta de crueldad y verdad, de perplejidad y sinceridad. La protagonista de los relatos –que presuponemos que es la propia autora– se deja mecer por un mundo complejo y bizarro en el que lucha por sobrevivir, salir a nado, y al que nos invita para que comprendamos su perplejidad, que seamos sus cómplices. 

Pajarito

Claudia Ulloa Donoso

Pepitas de calabaza.

160 págs., 14.5×21 cms.

Encuadernación: rústica con solapas

PVP: 16,50€

+ info: http://www.pepitas.net/libro/pajarito

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

¿Recordáis aquellos besos olímpicos y maravillosos que nos hacían entrar en otra época, en otra edad del cuerpo, otra edad del sentir?

Yo sí, aún los recuerdo. Y recuerdo la temperatura tropical que, húmeda, hizo quemadura en el baúl nebuloso de mi memoria.

Aquí hay una especie de mapa de aquellos besos. Es un mapa que publiqué en mi último libro y que forma parte de todo un hogar, todo un mundo acogedor (pero tramposo).

(Aquí dejo el puentecillo para que podáis comprarlo, que lo estáis deseando – https://jorgegarciatorrego.com/hogar/).

Sean ustedes, personas besantes y tropicales, bienvenidas a este oleaje:

Tu boca,

precipicio y ventana dulce,

ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,

escribo tu boca y en mi boca un latido,

tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,

tu boca suave donde besar es coser

donde besar es un columpio,

donde besar es submarinismo,

donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,

tan llenos,

rebosa mi boca con tu boca,

regadera,

animal marino,

geometría de alga y espuma,

tus labios donde siempre llegan olas,

tus labios de palmera,

tu labio 360 grados es mi cuerpo,

tu boca como un pararrayos,

refugio,

jardín y refugio tu boca,

lluvia horizontal,

tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,

rodeadas,

tus ganas y mis ganas,

fricción de frutas,

objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,

recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,

te beso, te beso, te beso y estás aquí,

tan pegada ya,

tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco

como una viva cicatriz de saliva,

un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,

qué buscar en tu boca,

qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor

por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,

no quedarme ciego

los ojos en la boca

así buscarte y besarte,

así empezar cada día,

así empezar el mundo.

#poesía#hogar#hogardulcehogar#nuevolibro#poemario#poesiaenespañol#comoencasaenningunsitio#megustaleer#poesia#besos#labios#besar#bésamemucho

Me gustan las mujeres manos grandes como manzanos mamíferos en flor, refugio de pájaros cansados

Me gustan los hombres que aguantan un gallo en la lengua para que no se despierten las nubes. Me gustan los animales de dos patas que tocan el xilófono en una espalda, con los dedos más meñiques y silenciosos de la historia.

Me gusta tu traje guardabosques, tu llave para la jaula del tigre que siempre pierdes, que nunca sabes en qué boca dejaste. Vivan sin lombrices ni sombra los hombres que ríen y dejan caer todos los cuchillos y no importa qué insulto llega a tu casa no importa. Que sigan saltando los jóvenes con ojos a tres cuerpos por segundo, a tres olas por cintura, borrachos en cada acantilado.

Me gustan las bocas abiertas que esperan la lluvia en verano tu dedo índice como inicio del mundo la llegada al perdón de las guerras al descanso del miedo de la sangre
me gustas tu
la enemiga de todos los mapas
que no te alcanzan.

Poema incluido en mi libro Cercanías:

las lenguas son un mapa

                                    Joseph-Lorusso

Alquimia de piel y negrura, palimpsesto del ayer y del mañana, somos sendero fuera de las calles y sus grises, hacemos la plegaria para evocar al mito, ancla y tallo del mundo vegetal que compartimos.

Por tu calor estoy ciego, porque mis ojos no ven los esquinazos de lo necesario, de lo que hay que hacer, de sus estrategias, solo en tu cuerpo puedo moverme libre, sin moratones ni aguantar el aire. Porque debo en tu cuerpo no, en tu deseo no, en mi deseo te encuentro.

Porque estamos en la pecera de la habitación y desde aquí el mundo se sujeta, se ampara, se hace habitable. Porque seremos el camino al margen, su residuo, su temperatura que no cumpla las estadísticas sigo vivo. Porque el deber me ahoga yo debo acudir a ti, traquea, sistema respiratorio funcional, branquia donde hago las paces con el vivir, donde la pausa me alimenta.

7:00

La procesión de los que esperamos el bus,
adorar la luz del móvil como si fuera una vela.


La intermitencia de la fe,
la certidumbre de patas cortas que es el WhatsApp,
su atronadora piscina de ruido.


Mirarse dentro los recuerdos para saberse uno y no otro,
cualquiera
de los que te acompañan en la fila.


Y pese a la búsqueda, no poder despejar la incógnita:
no saber si las personas del verbo nacen del yo
del nosotros
o del ellos.

(Disponible en https://lasturaediciones.com/product/el-despertador-de-sisifo-2a-edicion-ampliada/)