Hay un poema ya olvidado,

Hay un poema en un libro olvidadohay un poema en un libro olvidado que habla de un mundo sumergido y casi olvidado.

Y ese poema, que se titula Facebook, me habla de un mundo analógico abandonado por nuestra atención. Las amistades del aquí profanadas por el ruido del allí, el presente que sucede queda apartado por el futuro del más allá.

Este libro del que hablo, Cercanías, fue publicado en 2016 y en él ya hablaba de cómo las redes sociales, si se usan más allá de lo debido, nos alejan y nos hacen perder contacto con el mundo real. Ojalá que, más allá de los cables, también encontréis a aquellos que os quieren cerca ❤❤🌾🌾:

Facebook

Las fotos que cuelgas ahorcan un recuerdo líquido y vivo,
la silueta que rodea la quemadura.
Multiplicación de espejos,
¿Quién soy, facebook?

Soy facebook y su sombra, y mi sombra,
disfraz hasta la asfixia.

Dime que te gustó el esqueleto de mi tristeza,
dime que compartes mi nada manchada con luces,
comenta,
di me gusta,
aplauso sordo para mantenerme en pie.

Decidme quién soy,
quién me busca más allá de los cables.

El sofista negro, Muhammad Ali, púgil y orador

No suele pasar que las letras y el boxeo coincidan, pero cuando hablamos de Muhammad Ali cualquier cosa puede pasar.
Perfóreme, poeta, orador, activista político…Ali marcó una época en la que los golpes con el lenguaje hacían mucho más daño al sistema que los golpes de los puños.

En este libro de Marco Mazzeo publicado por #terceroincluido se nos muestra cómo la genialidad de Ali va mucho más allá de su baile en el cuadrilátero, más allá de su capacidad de trabajo y de sacrificio, porque fue mucho más que un simple boxeador y por eso desde aquí se admira y se respeta al deportista más grande de la historia y recomendamos que os acerquéis a este libro para conocerle mejor 🥊🥊🖤🖤.

Cocinas

Hace diez años vivía en la cocina de la foto, en Göteborg, Suecia. De aquel tiempo no queda prácticamente nada, salvo mi devoción por las cocinas. Ese calor único. No guardo con un recuerdo muy cariñoso el tiempo en Suecia, pero sí aquella ventana desde donde manejábamos el tiempo, las nubes y la luz.

Aquí os dejo un poema de Hogar, del libro que publiqué hace unos meses y que rinde homenaje a las cocinas, la parte más verdadera de los hogares:

«Acuérdate que te recuerdo. Si no te acuerdas no importa mucho. Siempre te veré caminando por los rieles», Jorge Teillier.

Se llamaba hogar y era un río,
una pléyade de puertas por abrir,
un sonajero de risa y desayunos.
Tenía la piel recién labrada por la luz
y en su cuello una coma de sudor pausaba la tierra.

Y en esa pausa vivía yo.

Se llamaba hogar y en su rama la cabaña.
Se llamaba hogar y en su oscuridad un catalejo.

Se llamaba hogar y sus manos eran leña,
su cuerpo entero un bosque.
Se llamaba hogar y era un río,
no se acababa nunca,
la calma era nuestro cimiento,
y por las bocas entrábamos y salíamos al mundo.